Explicó en un comunicado las razones que le han llevado a obrar de esta manera, la principal, que los militares siguen en el poder y no muestran intenciones de ceder el mismo a las autoridades civiles. Su figura contaba el apoyo entre los más jóvenes por lo cual un buen número de activistas, una vez se conoció la noticia, indicaron estar “decepcionados” (
El País).
Así, siguiendo como tema central los apoyos con que contaba El Baradei,
El Universal titula “Retirada de El Baradei deja a la Plaza Tahrir sin su elegido”, explicando algunos aspectos de su biografía, especialmente que logró notoriedad al frente de la OIEA aunque en su debe siempre estará “su incapacidad para resolver el expediente nuclear iraní”.
El protagonista afirmó que
“mi conciencia no me permite presentarme a las elecciones presidenciales o a otro cargo oficial a menos que sea en un marco democrático”, pudimos leer en
ABC, junto con un listado de aquellos sectores que gozaban de sus simpatías como los izquierdistas, liberales y grupos seculares.
En este punto, es interesante tener en cuenta una de las conclusiones a las que llega
La Razón: su renuncia favorece a los islamistas egipcios ya que, entre otros motivos, era el único de los candidatos realmente independiente y que no procedía del “antiguo y corrupto régimen”.
El Baradei, igualmente, sostiene que parece como si en Egipto la revolución no hubiese tenido lugar y en cuanto al gobierno de los militares lo definió como “un barco a la deriva”, criticando sobre todo que
“han llevado a los revolucionarios ante los tribunales militares en lugar de protegerles y castigar a quienes asesinaron a sus compañeros” (
El Mundo).
En otra parte de sus críticas, además de apostillar que ha fracasado la transición, sostuvo que
“la arbitrariedad y la mala administración del proceso de transición conducen al país lejos de los objetivos de la revolución. Lo más importante que consiguió la revolución fue romper la barrera del miedo y la recuperación del pueblo de la fe en su fuerza para el cambio” (
La Vanguardia). Por ello, no guardó calificativos a la hora de evaluar la política que siguen los militares:
“represiva y marcada por la violencia, la provocación y los asesinatos” (
Clarín).