|
Sondeo tras sondeo, el resultado es el mismo: Brown no goza del favor del pueblo británico y lo que es más grave, el malestar se ha desviado también hacia su partido. Sus desaciertos a la hora de de hacer frente a la situación económica, su incapacidad para frenar a los sindicatos y sobre todo, su poca claridad para ilustrar a sus compatriotas con un mensaje político claro y contundente, dan como resultado que sólo el 14% de los británicos opinen que el liderazgo laborista ha mejorado con él.
El peligro que corre el político escocés es doble y complementario: por un lado, pasar a la historia como uno de los Primeros Ministros más efímeros y por otro, que la gente se olvide de sus importantes logros al frente de la economía británica en el periodo 1997-2007.
Con esta afirmación, queremos llegar a la siguiente tesis: Brown fue un magnífico Ministro de Economía, cartera en la que manifestó plena competencia y total autonomía. Sin embargo, mostró excesiva ansiedad por llegar a lo más alto de la cima política. El tiempo ha demostrado que para esto último no está capacitado, no sólo por los continuos reveses electorales, sino por detalles más puntuales.
En efecto, hace poco menos de un año, sus brillantes primeros meses gestionando los atentados de Glasgow, por ejemplo, le hubieran dado un triunfo sin paliativos de haber convocado elecciones. Sin embargo, enseñó el único aspecto que un político nunca debe dejar ver: dudas. La consecuencia, inicio de una pendiente deslizante de fracasos en forma de huelgas o revueltas internas.
¿Qué puede hacer el laborismo hoy en día? La respuesta es complicada y las opciones múltiples: dejar las cosas tal y como están, esto es, esperar una "dulce derrota" a manos de los tories en 2010 y proceder a reconstruir (una vez más) su corpus teórico. Otra opción, aunque arriesgada, es suplir a Brown por algún joven talento del partido, en una especie de búsqueda del anti-Cameron. Esta alternativa se antoja complicada y peligrosa puesto que la imagen del Labour está tan deteriorada que sólo serviría para acabar con la carrera de ese hipotético aspirante.
En definitiva, la agonía de Brown y de su formación continúa sin fecha de caducidad. Cada encuesta que se ofrece lo aleja más del poder, lo que por otro lado hace que reluzcan más los triunfos de Blair en 1997, 2001 y 2005. Entonces la luna de miel con el electorado fue una constante y estaba asociada a un mensaje nítido, claro, contundente y fácilmente identificable. |