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Martes, 23 de septiembre de 2014 |
  Año 11 / Número 3.887                Editor: Pablo Izquierdo Juárez
  
EE.UU.: la reforma sanitaria y la libertad de conciencia
El 10 de febrero, Barack Obama dio a conocer personalmente las nuevas normas con las que aspiraba a cerrar la polémica sobre la obligación de exigir la cobertura de anticonceptivos, la píldora del día después y la esterilización en los seguros médicos. Pero la controversia, que se ha presentado como una "batalla religiosa" entre Obama y los obispos de EE.UU., no está resuelta.
Actualizado 19 febrero 2012  
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JUAN MESEGUER   

Entre otras cosas, porque el problema de fondo –la obligación de suministrar servicios controvertidos– sigue en pie.

De acuerdo con las normas dadas por el Ministerio de Sanidad el 20 de enero, las instituciones de inspiración religiosa estaban obligadas a financiar anticonceptivos, la píldora del día después y la esterilización en los seguros de sus empleados (cfr. Aceprensa, 27-01-2012).

Solución de compromiso

Con las nuevas normas del 10 de febrero, esas instituciones (universidades, escuelas, hospitales y organizaciones benéficas) ya no tendrán obligación de pagar directamente por esos servicios; ahora la obligación se traslada a sus aseguradoras.

Acompañado por la responsable de Sanidad, Kathleen Sebelius, el presidente Obama pronunció un discurso equilibrado. Aseguró que, “como ciudadano y como cristiano”, se hacía cargo de la preocupación que había provocado la medida. Pero que, a la vez, debía garantizar que todas las mujeres –cualquiera que fuera su lugar de trabajo– tendrían acceso gratuito a los métodos anticonceptivos.

Sin inmutarse, sin pestañear, Obama dijo en su comparecencia que casi el 99% de las mujeres estadounidenses habían recurrido a la contracepción alguna vez en su vida. Y que más de la mitad de las mujeres de entre 18 a 34 años pasaban apuros para pagarse esos servicios. El mismo dato mágico del 99% aparece con toda naturalidad –pero sin referencias que lo apoyen– en la nota de prensa publicada por la Casa Blanca ese mismo día.

La “solución de compromiso” que ofrece ahora el gobierno de Obama es: eximir a las instituciones de inspiración religiosa de la obligación de incluir en sus seguros médicos el polémico lote de servicios sobre los que tienen objeciones de tipo religioso o moral. Pero la imposición de cubrir en los seguros esos servicios no desaparece: sencillamente se traslada. Ahora recae en las aseguradoras privadas externas, que deberán incluirlos en su cobertura sin recargo alguno de la póliza.

El embarazo no es una enfermedad

Con las nuevas reglas, Obama hace una concesión a las instituciones religiosas en materia de libertad religiosa y de conciencia. Pero mantiene lo sustancial respecto al núcleo duro de su agenda de salud reproductiva. Así lo sintetiza un editorial del Wall Street Journal: al seguir obligadas a cubrir esos servicios las aseguradoras de las instituciones religiosas, “la Casa Blanca quiere imponer su ideología del control de la natalidad a todos los estadounidenses”.

El siguiente paso lógico que cabe dar es que, pese al ajuste realizado el viernes, la libertad de conciencia sigue estando amenazada en EE.UU. Es lo que sostiene Mathew J. Franck en un artículo publicado en Public Discourse.

Las instituciones de inspiración religiosa, dice Franck, no son los únicos titulares de la libertad de conciencia: las mismas objeciones morales que encontraron aquéllas a la imposición de cubrir en sus seguros la contracepción, la píldora del día después y la esterilización, podrán tenerlas ahora los dueños de las compañías de seguros.

Se comprende, pues, que a los obispos de EE.UU. les haya parecido insuficiente el ajuste hecho por Obama el viernes. “La única solución integral al problema de la libertad religiosa es derogar la imposición sobre estos controvertidos servicios”, sostienen. Ese mismo día, la Conferencia Episcopal lanzó una nueva campaña para proteger la conciencia de todos los estadounidenses –creyentes o no– frente al mandato del Ministerio de Sanidad.

Los obispos quieren proteger mejor la objeción de conciencia, lo que se concreta en pedir el apoyo de los ciudadanos para impulsar la Respect for Rights of Conscience Act, actualmente en trámite en el Congreso. Y, en esta línea, se oponen a que los métodos anticonceptivos y la esterilización se incluyan en la categoría de “servicios preventivos” de los seguros, ya que el embarazo no es una enfermedad a evitar.

Protesta en Notre Dame

Al igual que hicieron en diciembre 61 líderes religiosos y profesores universitarios evangélicos, baptistas, pentecostales y judíos, y en febrero los 65 obispos canónicos ortodoxos de EE.UU., Canadá y México, ahora muestran su apoyo a los obispos católicos más de 100 intelectuales estadounidenses.

Auspiciada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Notre Dame, la carta contiene un mensaje nítido. Está firmada por profesores universitarios, editores de diarios nacionales, veteranos columnistas, investigadores sociales... La mayoría son católicos, pero también hay protestantes y judíos.

“La llamada ‘acomodación’ no introduce ningún cambio moral sustancial ni elimina el ataque a la libertad religiosa y a los derechos de la conciencia que dieron origen a la controversia. (...) Bajo la nueva norma, el gobierno sigue coaccionando a las instituciones religiosas y a los individuos al exigirles que cubran en los seguros políticas que incluyen exactamente los mismos servicios”.

Precisamente, Notre Dame es la prestigiosa universidad católica que en 2009 concedió a Obama un doctorado honoris causa. La decisión fue bastante polémica en su día, por el historial legislativo de Obama en temas bioéticos.

Una de las que se opuso con más firmeza a esa decisión fue Mary Ann Glendon, jurista de Harvard, que iba a recibir de esa universidad otro galardón el mismo día que lo recibiría Obama. Glendon rechazó el premio. En una carta al rector de Notre Dame, John Jenkins, la jurista explicó por qué pensaba ella que no era buena idea conceder el honoris causa a Obama (cfr. Aceprensa, 28-04-2009).

Glendon quedó entonces como una católica algo excesiva, por no decir dogmática; Jenkins como un católico abierto de mente; y Obama como el amigo de las religiones que siempre soñó ser. Pero el tiempo terminó por poner a cada cual en su sitio. Ahora Jenkins se siente burlado y lamenta la actitud poco tolerante de Obama. “Este no es el ‘enfoque sensato’ que el presidente tenía en mente cuando habló aquí”.

Sostiene E.J. Dionne Jr., columnista del Washington Post, que quizá la controversia de los seguros médicos hubiera pasado más desapercibida “si Obama se hubiera presentado como un progresista laico convencional desde el principio. El problema es que dio a entender que era más inclusivo”.

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