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Dura batalla contra la insalubridad en la India
Desde 2014, un programa nacional que cuenta con el aporte de empresas públicas y privadas busca proporcionar instalaciones sanitarias a toda la población. Pero hay obstáculos.
Actualizado 1 mayo 2017  
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La campaña Movimiento por una India Limpia (Swachh Bharat Abhiyan), lanzada por el primer ministro Narendra Modi en 2014 con el concurso y el aporte de empresas y ciudadanos, perseguía lo que a probablemente todos los lectores les parece la cosa más obvia del mundo: que cada ciudadano tuviera a su disposición un retrete.

En aquel momento, The Economist refería que unas 130 millones de viviendas en el país asiático no tenían cuarto de baño, y que el 72% de la población rural aliviaba el vientre detrás de los arbustos, a campo abierto o a la vera de los caminos. De las 1.000 millones de personas que no disponían de instalaciones sanitarias en el mundo, casi 600 millones vivían en la India.

Clama al cielo que un país que pone en órbita satélites espaciales, que se ha erigido en potencia nuclear y de la que ha salido una riada de expertos en alta tecnología a trabajar en Silicon Valley, deba convivir con un espectáculo tan extraño –por decir lo menos– en pleno siglo XXI. El propio Modi, en una intervención sobre el tema, se preguntó: “¿Nos ha dolido alguna vez que nuestras madres y hermanas tengan que evacuar a la vista pública? Las mujeres pobres de las aldeas deben esperar a la noche. Hasta que llega la oscuridad, no pueden salir a defecar. ¿Qué tortura física tienen que estar sintiendo? ¿Cuántas enfermedades puede estar engendrando este proceder?”. Asimismo, ha ilustrado cómo la ausencia de servicios sanitarios exclusivamente femeninos en las escuelas influye en que muchas niñas se abstienen de acudir a clase y se quedan sin formación.

Por fortuna, algo se va haciendo. Más de 620 ciudades han sido declaradas “Open Defecation free”, y hay incluso un ranking de urbes según el grado de higiene pública que van logrando. En primer lugar aparece la sureña Mysuru, de estado de Karnataka, y solo tres puestos más atrás está ubicada la capital, Nueva Delhi. Entre las que van más rezagadas –exactamente en el lugar 65– está Varanasi, cuya representación parlamentaria corre a cargo, curiosamente, del diputado… Narendra Modi, quien no pierde ocasión de hacerse fotografiar con una escoba en la mano, barriendo inmundicias callejeras.

Según la web del programa Swachh Bharat, desde que se inició la campaña se han construido unos 3.1 millones de servicios sanitarios en viviendas, así como 115.786 baños públicos. La noticia, sin embargo, es que las contribuciones privadas al programa han ido cayendo, y que no todo marcha como se esperaría.

No es solo que no alcancen los baños

Detengámonos en los baños –es un decir–. ¿Por qué no dan abasto? ¿Acaso un problema de pobreza? Podría ser, pero no es tan sencillo. De hecho, un estudio del estadounidense Rice Institute revela que, según el censo de 2011, el 75% de la población rural de la India no disponía de inodoro o letrina en casa, mientras que en África subsahariana, con una población económicamente más precaria y con menores índices educativos, solo el 35% de las personas hacen sus necesidades en lugares abiertos. Sin ir demasiado lejos, en la vecina Bangladesh son apenas el 5% las personas que hacen eso, y en China, el 2%.

¿Qué sucede entonces? Que, más que no “alcanzar” los inodoros, en muchos casos no hay interés en que la vivienda cuente con instalaciones sanitarias. La respuesta está en ciertos esquemas culturales y en el milenario sistema de castas, que hasta en este aspecto hace sentir su peso. En su trabajo de campo, los investigadores del Rice encontraron que “muchas personas consideran que tener y usar una letrina es ritualmente impuro y contaminante. Según los expertos, “a pesar de la frecuente percepción de los observadores urbanos de que los pobladores del campo encuentran vergonzosa e incómoda la defecación pública, esta no es solo socialmente aceptable en lugares donde casi todo el mundo lo hace, sino que es vista como una actividad recomendable, asociada con la salud, la fuerza y el vigor masculino”.

En cuanto al mencionado asunto de las castas, el problema para muchos es que, como las letrinas deben ser vaciadas manualmente cuando se llenan, y esa ha sido tradicionalmente una tarea de los dalits –la categoría social más baja de todas–, nadie desea tener que hacer en su casa lo que, por una injusta tradición, correspondería a los impuros dalits.

Lo paradójico es que estos, o bien se hacen pagar a precio de oro tan ingrata labor, o bien ni siquiera la aceptan. “Para ellos –explica un trabajador local al equipo investigador– la cuestión es esta: si ganas buen dinero, pero no puedes ir a un restaurante, y no puedes tampoco ir al templo, entonces ¿de qué te sirve?”. Las castas superiores quedan atrapadas de este modo en la trampa de su “incontaminación” con los dalits. ¿Solución? Mejor ahorrarse la letrina.

Las privadas se descuelgan

El objetivo del gobierno de Modi es lograr dejar la India como un crisol para 2019, año en que se celebra el sesquicentenario del natalicio de Mahatma Gandhi. Y se ha hecho bastante, sí, pero es insuficiente.

En lo material, como se mencionaba, las contribuciones privadas han disminuido. Según el diario Hindustan Times, las grandes empresas públicas, como Power Finance Corporation y Rural Electrification Corporation, mantienen en marcha el carro de los donantes: de los 2.450 millones de rupias (35.064 millones de euros) canalizadas por el programa en 2016, las públicas aseguraron 2.120 millones (30.334 millones de euros).

Entretanto, las grandes privadas, como Bajaj, Fidelity Business, Nestlé, ITC y Merrill Lynch han ido empujando ya menos, cuando no han dejado de hacerlo. Una de las razones es que la mayoría de estas empresas gestionan sus propios programas de responsabilidad social corporativa. Nestlé, por ejemplo, ha puesto en marcha una iniciativa para suministrar agua potable y construir servicios sanitarios. Un portavoz ha asegurado que mantienen su compromiso “con los campesinos, los expertos, las ONG y el gobierno (…). Nuestras iniciativas están basadas en las prioridades nacionales, incluyendo el Swachh Bharat”.

Sin embargo, entre las causas del descuelgue de varias como Nestlé estaría una cláusula del programa estatal de saneamiento, que indica que aquellos que contribuyen con menos de 100 millones de rupias (1,4 millones de euros) no pueden sugerir dónde les gustaría que se empleara su dinero. Por otra parte, el gobierno ha creado un impuesto especial para el Swachh Bharat, y todos los negocios ya lo abonan. “Una de las razones de la tibia respuesta [de las empresas] puede ser la sensación de que ya están pagando la tasa del Swachh. Luego, ¿por qué contribuir nuevamente?”.

Más allá de lo material, sin embargo, está el problema de la actitud de los ciudadanos. El Banco Mundial, uno de los que aporta al programa, ha destinado 25 millones de dólares a implementar, en varios estados, iniciativas que ayuden a cambiar el comportamiento de la población y a que se generalice el uso de los servicios sanitarios en los hogares rurales. Según han podido observar los investigadores del Rice Institute, muchas veces la gente recibe del gobierno los tanques que deben ser instalados y usados como letrinas, y lo que hace es utilizarlos como bañera o para lavar la ropa.

Un reporte del 16 de abril del sitio Hindu Business Line no invita a demasiado optimismo. Con cifras oficiales en la mano, el medio revela que a pesar de que el presupuesto dedicado por el gobierno a este tema se ha triplicado desde 2014; a pesar de los más de 3 millones de servicios sanitarios edificados, la defecación al aire libre continúa siendo una realidad en la mayoría de las zonas rurales del país, algo a lo que se suma el problema de las instalaciones defectuosas, allí donde se han puesto.

Quizás no haya que esperar hasta el cumpleaños 200 de Gandhi, pero habrá que pensar en más allá de 2019. Hábitos tan arraigados no se borran de la conciencia a golpe de talonario. Ni tirando de la cadena. / Aceprensa

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