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CARLOS GOEDDER

Cielos en la Tierra: Chile
El investigador J.P. Floru ha publicado una colección de casos exitosos para generar prosperidad colectiva. Chile es el único ejemplo latinoamericano y de habla hispana
Actualizado 11 marzo 2013  
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Carlos Goedder   

J.P. Floru ha publicado en inglés una obra que ojalá esté pronto disponible en castellano. Su título puede traducirse como CIELOS EN LA TIERRA. CÓMO CREAR PROSPERIDAD MASIVA (Heavens in Earth. Howtocreatemassprosperity. Biteblack Publishing, 2013). El libro está imbuido de espíritu liberal y reseña varios casos exitosos para crear bienestar colectivo, siguiendo técnicas que ya deberían ser sabiduría convencional y se empeñan en resistir los populistas: respetar derechos de prosperidad, reducir la dimensión del sector público, crear legislación simplificada sobre empresas y trabajadores, junto a disciplina tanto fiscal como monetaria. Lo interesante es cómo diferentes países han transitado la senda hacia esos logros. Entre los contemplados, sólo hay un caso en el mundo latinoamericano: Chile. Es también el único país hispanoparlante en la muestra, compuesta por EEUU, Alemania, Reino Unido, Hong Kong, China, Nueva Zelanda y Singapur.

En el prefacio, AllisterHeathmuestra claramente el problema de optimización entre redistribuir riqueza y crearla. Elevar la redistribución por el Estado reducirá la creación de riqueza adicional. Así que la elección social debe considerar que el principal coste de maximizar la redistribución de riqueza es destruirla. La historia económica nos ha enseñado que el mejor camino en esta elección es lo que señala Heath: “confiar en el individuo, los derechos de propiedad, el imperio de la Ley y preservar el valor del dinero.” (p. 14) 
El caso chileno contempla lo ocurrido desde que Salvador Allende (1908-1973) llegó al poder en 1970, siendo el primer mandatario marxista electo por sufragio. Lo interesante al contar el episodio es este matiz: Allende no fue electo mayoritariamente: sacó 36,6% de los votos, frente a 35,3% de su oponente Jorge Allesandri, lo cual significaba cuarenta mil votos de diferencia apenas,entre tres millones de electores. Como bien señala Floru “dos tercios de los votantes no habían votado por un gobierno marxista.” (p. 181) El Congreso optó por ratificar al candidato más votado, siguiendo la tradición democrática chilena – fue decisivo el visto bueno del partido cristianodemócrata-. Lo que vino después hace palidecer y lo más parecido es el totalitarismo chavista venezolano, si bien Chile detuvo el comunismo en tres años, mientras Venezuela lleva catorce años bajo él.
Los antecedentes a Allende son relevantes. Floru los resume señalando: “Un siglo antes, Chile había sido uno de los países más prósperos de Sudamérica. El republicanismo y el imperio de la ley fueron establecidos firmemente. El principal consejero del gobierno, Jean Courcelle-Seneuil, había sido un seguidor de Adam Smith.” (p. 181) Este economista francés vivió entre 1813 y 1892, actuando como asesor político de las autoridades chilenas. La receptividad de Chile a constructores institucionales foráneos en el Siglo XIX, revelagran apertura mental. Otro caso notable fue precisamente un venezolano, Andrés Bello (1781-1865), en el ámbito jurídico y educativo.
La presidencia previa a Allende, la del demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva (1911-1982), quien gobernó entre 1964 y 1970, ya había iniciado procedimientos como la expropiación de tierras. Allende partió de ese espíritu, rescató una ley olvidada de 1932 para intervenir empresas privadas y de esta forma nacionalizó los principales sectores privados. En 1973 había 592 empresas públicas chilenas, mientras al tomar el poder Allende, tres años antes, existían 67; el 40% del PIB chileno era producido por este hipertrofiado sector público resultante de las nacionalizaciones.
Para 1973, Chile bajo Allende tenía estos indicadores económicos: gasto público igual a 70% del PIB; déficit fiscal de 30,5% del PIB (el venezolano en 2013, en pleno auge petrolero, es 18%); inflación anual de 605% (se duplicaban los precios bimestralmente, como dice Floru, siendo la inflación MENSUAL exacta esta que estimo: 161%). El desastre estaba servido para un golpe militar, generando un nuevo quebranto institucional. Entre 1974 y 1990, Chile estuvo bajo la dictadura militar de Augusto Pinochet (1915-2006).
Allende dejó un legado de irrespeto no solo al sentido común económico, sino a la Ley, sobre la cual consideraba que escondía una situación de injusticia económica y social, siendo que únicamente sería obedecida tras desaparecer la sociedad capitalista. En 1971 Fidel Castro había visitado su país y fue con un arma que le dio Castro que Allende se suicidó.
La historia chilena habría podido seguir el curso de tantos excesos comunistas, populistas y militaristas como las vecinas Argentina o Perú. Pinochet pudo ser simplemente otro tirano como Onganía o Videla y sumir a su país en más ruina tanto moral como económica. Afortunadamente, había un equipo de economistas trabajando antes del Golpe y preparando una propuesta para el Chile posallende. Cuando los militares se sentaron en sus sillas del poder público el 12 de septiembre de 1973, encontraron copias de ese documento preparadas para ellos. Ese afortunado proyecto se ha denominado EL LADRILLO.
En lo que quizás sea la historia más afortunada de ayuda al desarrollo, las autoridades estadounidenses lideradas por Albion W. Patterson consideraron en 1953 que una de las maneras más eficaces para contribuir con economías subdesarrolladas era preparar buenos universitarios en economía, en lo cual estuvo de acuerdo el profesor de la Universidad de Chicago Theodore W. Schultz, quien sería nobel de economía en 1979. La Universidad de Chicago, prestigiosa en economía, se ofreció a cooperar con instituciones académicas chilenas. Lamentablemente, las universidades latinoamericanas – y como no, sus pares españolas – están muchas veces guiadas más por ideología y burocracia que criterio técnico. La Universidad de Chile rechazó la oferta, privando a sus estudiantes de acceso a conocimiento de grandes ligas en economía. El rector de la Pontifica Universidad Católica de Chile sí aprovechó la oportunidad, venciendo resistencias de su propia línea institucional. Con este afortunado acuerdo de cooperación, entre 1956 y 1964, se formaron 26 economistas chilenos en la Universidad de Chicago, según Floru (p. 190). Esta universidad lideraba el estudio de economía de mercado, favoreciendo enfoques de liberalismo económico en muchas materias.
Añadiendo a esta afortunada situación, los egresados chilenos del proyecto actuaron de manera distinta a otros ciudadanos latinoamericanos con acceso a educación extranjera mediante convenios estatales (un gran ejemplo de este despilfarro es la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, la cual subsidió estudios a venezolanos sin exigir o promover el retorno al país). Los economistas chilenos formados en Chicago se tomaron en serio el aplicar en su país conceptos de liberalismo económico. Lo primero fue logar imponerse en los medios académicos de su país, lo cual lograron en gran medida por apoyo de los propios estudiantes. Lo siguiente fue trabajar de manera privada en pergeñar una propuesta para la política económica chilena. Reuniéndose los días lunes por varios años, este grupo de académicos, entre quienes tuvieron figuración Sergio de Castro y Hugo Hanisch, trabajaron en ofrecer una alternativa al proteccionismo comercial chileno y a la vocación estatalista vigente en los años sesenta. Lo que estaba en boga era la tesis del economista argentino Raúl Prebisch (1901-1986), propiciada desde la CEPAL por la ONU, según la cual la vía para el desarrollo en América Latina era proteger de competencia internacional a industrias nacientes locales, trasvasando recursos desde donde estaba la clara ventaja comparativa y competitiva: las materias primas. Este proteccionismo muchas veces no socorrió a “infantes industriales” sino a “enanos”, cuyos dueños recibieron subsidios y monopolios, dando al mercado local una cara producción de baja calidad. Era una espiral de regulaciones fallidas.
La historia chilena alienta claramente sobre el peso que pueden tener los llamados thinktanks y ONGs privadas para corregir las políticas públicas. La reseña de Floru menciona como ejemplos a LIBERTAD Y DESARROLLO, además del CENTRO DE ESTUDIOS PÚBLICOS y el CICYP (una asociación de empresarios).
Los “Chicago Boys” chilenos pudieron poner en prácticas sus ideas al entrar Pinochet en escena. Sus medidas relevantes incluyeron: salirse del proteccionista Pacto Andino, firmar acuerdos comerciales bilaterales, privatizar empresas públicas, crear una tasa única de impuesto corporativo al nivel de 18% sobre beneficios en 1975 (reducido a 16% en 1984) y bajar la tributación sobre renta (tipo máximo de 40%, de lo cual debería sacar lecciones Francia hoy día). Un error fue dejar el tipo de cambio fijo, algo criticado por Milton Friedman (profesor de Chicago y nobel) cuando visitó el país. Esto generó una apreciación artificial de la moneda, redujo la competitividad comercial, ralentizó el crecimiento vía exportaciones y exacerbó una burbuja de activos que estalló con la crisis tanto bancaria como de deuda pública que tuvo Latinoamérica en 1982. La adopción de un tipo de cambio flexible fue la elección y una clara apuesta del ministro de finanzas desde 1985, Hernán Buchi, La independencia del Banco Central fue otra de sus banderas.
No obstante, la mayor innovación es señalada por Floru: “El más importante logro de las reformas chilenas fue la introducción de un sistema de pensiones privado. Ha sido copiado en al menos veinte países.” (p. 198). En febrero de 1996 tuve el gusto de recibir con CEDICE y la UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO en Caracas a un personaje clave en esta reforma, quien queda sin mencionar por Floru, el ministro José Piñera. Él nos contó mucho sobre esta historia y sigue siendo lectura clave su libro EL CASCABEL AL GATO. LA BATALLA POR LA REFORMA PREVISIONAL (tengo la sexta edición autografiada por el autor de Editora Zig-Zag, 1996.)
El sistema es bastante conocido hoy día: permitir que los trabajadores depositen en cuentas privadas los fondos para cuando llegue su jubilación, eligiendo entre instituciones financieras especializadas, las Administradoras de Fondos de Pensión (AFPs). La dimensión del sistema es considerable: sus fondos representaban 59% del PIB chileno en 2005, siendo que en 1981 apenas representaban 0,81% del PIB. Una advertencia importante del libro es que este logro dista de salir gratis para quien quiera replicarlo: el Estado debe subsidiar la migración de las pensiones públicas al sector privado y la garantía de una pensión mínima a los ciudadanos, aunque estos sean incapaces de cotizar lo suficiente para obtenerla o bien haya una crisis en las AFPs. Lo cierto es que el rendimiento para los cotizantes en las AFPs ha sido de 12,8% real entre 1981 y 1996 según Floru, sin producirse una crisis sistémica de AFPs que es el mayor riesgo macroprudencial de este sistema. Con este sistema se logra algo que señalaba el difunto ensayista Peter Drucker: los trabajadores acaban siendo, mediante el mercado de capitales, los mayores accionistas de las empresas privadas, algo que Marx ni por delirio previó en su lucha entre capital y trabajo. Una crítica de Floru es que aún sigue siendo alta la comisión de gestión que aplican las AFPs.
En educación y salud es donde el esfuerzo privatizador de la reforma chilena ha tenido menos alcance. Hay muchos intereses fuertes en estos sectores y las protestas universitarias en Chile recientemente nos lo han recordado.
La democracia arribó en 1990 y mantuvo el legado económico de Pinochet, el único interesante para fines institucionales. Las cifras que aporta Floru son elocuentes sobre el éxito de esta historia: la pobreza en Chile es de 11,9% de la población en 2009, contra 51,3% de Bolivia, 26% de Brasil, 27,4% de Venezuela y 30% de Argentina; el PIB per cápita chileno es de 17.400 USD (Floru no señala que sean según paridad de compra), siendo que sólo Argentina –desarrollada antes de Perón y a años luz de Chile hasta 1973-, es el único superior en Latinoamérica por muy poco: 17.700 USD, siendo que el tipo de cambio argentino está sobrevaluado artificialmente. La inflación chilena es de 3,3% y el crecimiento anual en 2011 fue de 6,5%. El desempleo no lo ha tenido España en sus mejores tiempos económicos: 6,6%. La evasión fiscal se estima en 22% de la recaudación máxima potencial. Todas estas cifras las da Floru.
Algo que el ensayo queda sin mencionar son las lecciones de Chile para economías exportadoras de materias primas. Sólo se señala que la industria del cobre es esencialmente gestionada por manos privadas, que CODELCO –la empresa estatal- se está privatizando y que el cobre representaba 38% de las exportaciones en 2001 (bajo Allende era el 70%). Un gran logro chileno ha sido crear fondos de ahorro contracíclicos para las rentas fiscales obtenidas del cobre y el gobierno Bachelet resistió la tentación de gastar esos excedentes en el más reciente boom del cobre. Existe un organismo independiente que estudia si un incremento en el precio del cobre corresponde a una tendencia de largo plazo y evita que por miopía se genere un desequilibrio en la economía por malgastar mediante gasto público las rentas extraordinarias. Sobre este tema comentaré en un trabajo próximo a publicarse. En una conversación sobre este tema un profesor, Javier Peraza, me comentaba que los radicales de izquierda chilena pedían que se aplicase esa renta para invertir en educación. En fin, con socialistas así creo que Chile puede estar tranquilo.
Es evidente que otras naciones en desarrollo y de habla hispana pueden seguir el ejemplo chileno, sin tener que pasar por la interrupción democrática a que dolorosamente se vio sometido ese país. El logro chileno correspondió realmente a unos jóvenes economistas que se educaron en liberalismo económico y convencieron a los políticos de aplicarlo desde organizaciones académicas privadas.
(El autor de esta reseña es miembro académico del thinktank venezolano CEDICE LIBERTAD)

Madrid, Marzo de 2013
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