
Camila Vallejo, 23 años, vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, ha alcanzado los titulares periodísticos también fuera de su país. Desde hace meses el movimiento estudiantil trae en jaque al gobierno de Sebastián Piñera con sus exigencias de una educación pública, gratuita y de calidad, con la pretensión también de que no haya universidades de pago (cfr. Aceprensa, 10-08-2011). La controversia, las huelgas y los enfrentamientos no amainan, y ya se han llevado por delante a dos ministros de Educación.
Con el atractivo que suelen tener en Europa los revolucionarios latinoamericanos, leí con interés las declaraciones que hizo recientemente al diario El País (15-01-2012). Siempre se espera una bocanada de ideas frescas, esos enfoques innovadores que muchas veces trae la juventud y que obligan a repensar las cosas.
Pero a medida que iba leyendo me preguntaba si realmente se trataba de una joven que apenas tenía un año cuando cayó el Muro de Berlín. Es verdad que milita en el partido comunista desde los 19 años, pero daba la impresión de que estaba leyendo a una comunista de la vieja guardia.
No entro ahora en la concreta polémica de la educación en Chile, de la que apenas se habla en la entrevista. Pero en todos los temas clásicos de la izquierda sus respuestas son de manual.
Reverencias a Fidel
¿Cómo es que nunca ha hecho reproches a Cuba? “Cuba no es el mejor modelo de democracia que uno pueda reconocer mundialmente, pero se han logrado muchos avances que en Chile, por ejemplo, no hemos logrado”, responde Camila. ¿Cuántas veces hemos oído esta justificación? A la izquierda europea le da ya un poco de grima repetirla, y no tiene reparo en reconocer a Cuba como un régimen dictatorial fallido.
Es inquietante la afirmación de que los comunistas “nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones”
Es de suponer que los avances de Cuba a los que se refiere Camila Vallejo no son el partido único, la prensa oficial, la imposibilidad de acceso privado a Internet, las condenas a los disidentes, la penuria económica (una renta per cápita de 9.900 dólares frente a 15.400 en Chile)... En Cuba los críticos con el régimen no tienen la posibilidad de manifestarse ni de hacer huelga como los estudiantes en Chile. Si en Santiago se aplicasen los mismos criterios que en La Habana, Camila Vallejo necesitaría autorización del gobierno para salir del país y pagar por el permiso el equivalente a 130 euros (más de ocho veces el sueldo mensual).
Es cierto que de todo el mundo se puede aprender algo, y que, por ejemplo, la mortalidad infantil es inferior en Cuba que en Chile y los años de escolarización más largos (18 frente a 15). De todos modos, hay otros muchos países que tienen índices tan buenos o mejores en esos campos, sin que hayan tenido que sacrificar la democracia para lograrlos.
Lucha armada
Más inquietante es la afirmación de Camila Vallejo de que “el pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros [el partido comunista] nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones. Sin embargo, en este momento ese camino está totalmente descartado, porque la tensión que hoy día existe es neoliberalismo versus democracia”. No sé cómo sonará esto en Chile, pero no me imagino hoy a un militar diciendo que el Ejército no descarta la vía armada para intervenir en la vida política, “siempre y cuando estén las condiciones”. O si Piñera afirmara que no descarta la vía armada para liquidar la “violencia estructural” estudiantil. Seguro que la gente se echaría las manos a la cabeza y diría si un tipo así sabe en qué consiste una democracia.
De todos modos, da la impresión de que Camila Vallejo solo considera democrático un parlamento de su gusto. “Debemos disputar el Parlamento para que sea realmente representativo y no esté ocupado por burócratas”, dice. Lo cual suena así como si ganan los míos, es representativo; si gana el adversario, son burócratas.
Las únicas novedades respecto a la izquierda clásica tienen que ver con la reivindicación de nuevos valores libertarios. Aquí Camila Vallejo asume todo el paquete: derechos de las minorías sexuales, aborto (“las que tienen plata lo hacen”), despenalización de la marihuana (“porque cuando se legaliza existe la posibilidad de controlar el narcotráfico”). ¿Y por qué no de la cocaína y de la heroína, que también son objeto de narcotráfico?
Clichés de la izquierda
Luego quedan algunos latiguillos clásicos de la izquierda. Su exposición de la economía del desarrollo es muy simple: “Pienso que el desarrollo de los países del Norte se produce gracias al subdesarrollo de los países del Sur”. Un juego de suma cero. ¿Chile no está en el Sur?
¿El descubrimiento de América? “Los europeos fueron parte del proceso de colonización que arrasó con nuestros pueblos originarios”. Aunque Camila Vallejo se coloque entre “nuestros pueblos originarios”, basta ver su fotografía para comprender que no desciende de mapuches y que lo más probable es que algún antepasado suyo criollo fuera uno de los que “arrasaron” a esos pueblos. “Es un hecho probado que hubo genocidio en Latinoamérica. Aquí se eliminó con la espada y la cruz”. Pero, según los libros de historia, fueron los gobiernos liberales los que, después de la independencia de Chile, a partir de 1861, lograron realizar la ocupación de la Araucanía que no se había conseguido en la época colonial. Más con la espada que con la cruz, sometieron a los belicosos mapuches, privándolos de buen parte de sus tierras y recluyéndolos en reducciones.
¿Las multinacionales? “Siguen extrayendo nuestros recursos naturales como sanguijuelas”. Pero habida cuenta de que solo el cobre proporciona un tercio de los ingresos de Chile, parece que la sangría de las sanguijuelas tiene algún efecto benéfico.
¿Con qué tipo de izquierda latinoamericana se identifica? “Me gusta mucho lo que están haciendo Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y José Mujica en Uruguay”. Sin duda están bien escogidos, porque –a diferencia de Fidel o de Chávez– aún no han tenido tiempo de triunfar ni de fracasar. Pero llama la atención que no le atraiga la experiencia de Lula en Brasil, que sí ha conseguido que el país avance sacando a muchos de la pobreza. Quizá es demasiado contemporizador.
No cabe esperar de una joven de 23 años, aunque sea universitaria, un discurso muy elaborado. Pero sí es de desear que advierta las distintas facetas de un problema, la complejidad de la gestión pública. Lo llamativo es que el discurso de Camila Vallejo tenga tan pocos matices, que repita tantos clichés, que todavía suene a la lengua de madera de los partidos comunistas. Porque eso suele ser el caldo de cultivo de las posturas intransigentes, del todo o nada, que tantos perjuicios causa al entendimiento político.

