Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
23 SEPTIEMBRE 2017 | ACTUALIZADO 02:10
EUROPA   |   ÁFRICA   |   AMÉRICA   |   ORIENTE PRÓXIMO   |   ASIA / PACÍFICO
POLÍTICA   |    ECONOMÍA   |    SOCIEDAD   |    CULTURA   |    PENSAMIENTO   |    AUTORES
CARLOS GOEDDER

Bolívar vs Santander, según Arciniegas
La confrontación entre los dos grandes próceres refleja una divergencia institucional aún persistente en Hispanoamérica, en vez de despacharse considerando ruin a Santander.
Actualizado 25 febrero 2013  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter  Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   1
Carlos Goedder   
La ruptura entre los próceres de mayor poder político en Gran Colombia, Simón Bolívar (1783-1830) y Francisco de Paula Santander (1792-1840) tiende a simplificarse atribuyendo vileza a Santander, quien sería incapaz para tener las grandes miras continentales bolivarianas. En la versión oficial, compartido por los bolivarianos venezolanos y quienes veneran al prócer, Bolívar perseguía la unión, mientras Santander, al igual que José Antonio Páez (1790-1873), simplemente querían fragmentar la Gran Colombia concebida por Bolívar. Al final la vileza y miopía se impusieron, separándose Venezuela de Gran Colombia, al mismo tiempo que fallecía El Libertador Bolívar en pobreza y soledad, rumbo al exilio. Lamentablemente la historia es más compleja que esta explicación.
En este trabajo pretendo rehabilitar la figura de Santander, quien merece ser considerado como un cabal prócer sudamericano en lugar de ser simplemente patrimonio histórico de Colombia. Además las divisiones historiográficas entre colombianos y venezolanos pueden zanjarse en gran medida si se evita convertir el debate entre Bolívar y Santander en algo personal. Había entre ambos personajes enfoques radicalmente distintos sobre las instituciones políticas para las nacientes repúblicas.
El libro que usaré como principal referencia es el elaborado por el historiador Germán Arciniegas, en el cual se compilan ensayos sobre ambas figuras. La referencia es: ARCINIEGAS, Germán. BOLÍVAR Y SANTANDER, VIDAS PARALELAS. Editorial Planeta Colombiana, 1995.
Algunos descargos preliminares. Lo primero, que si bien la obra de Arciniegas rehabilita a Santander desde la propia escuela historiográfica colombiana, la lectura desapasionada de este material y otras referencias que aporto,hechas incluso por venezolanos, evitará que ese prejuicio distraiga la atención al argumento principal: Santander tenía sólidos argumentos institucionales.
Segundo, nadie discute los méritos de El Libertador. Es la principal figura en la independencia sudamericana y quien lideró los grandes éxitos militares que convirtieron en repúblicas los territorios desde el Orinoco hasta el Potosí. Bolívar tiene un carácter de titán en la historia universal que colocará por siempre como figuras menores a Santander, Páez o Sucre. Ahora bien, importante es reconocerlo, el genio tuvo errores conceptuales sobre las instituciones para los territorios ya independientes. Y declaro yo mismo ser ferviente admirador de Bolívar cuando lo afirmo. Su perseverancia y grandes miras siempre me han sido inspiradoras y en cualquier momento de pesadumbre o derrota a lo primero que apelo es a una biografía de Bolívar para recuperar el temple en mis pequeños proyectos propios.
La exposición la organizo en dos partes, para entender a las posturas encontradas. La primera se refiere a Bolívar y su proyecto constitucional, el cual degeneró en dictadura. La segunda opone la visión de Santander, apegada a las leyes entonces vigentes.

BOLÍVAR Y SU CONSTITUCIÓN DE 1825
Bolívar culmina su carrera militar en diciembre de 1824, cuando su lugarteniente Sucre gana la batalla de Ayacucho. A partir de allí su papel como guerrero debía cerrarse. Tenía dos opciones: una hubiese sido la feliz: retirarse, considerar cumplido su papel histórico y dedicarse a sus haciendas, como hizo Washington, o quizás irse a Francia con su compañera Manuela Sáenz, quien estaba casada con otro y atraía por tanto maledicencias. Habría quedado en los altares liberales. Mas no, Bolívar optó por seguir encargado del mando político, proponiendo un nuevo proyecto de Constitución para una nación que se creó en su honor, con el nombre de Bolivia. Por más que se pinte como un romántico reclamo popular esta creación, su origen es militar: poner un Estado “tapón” en medio de Argentina y Perú, territorios proclives a enfrentarse militarmente por disputas territoriales.
El psiquiatra, narrador e historiador venezolano Francisco Herrera Luque hace un apunte necesario sobre cómo es el Bolívar de esa época: “El Padre de la Patria había exacerbado, en los últimos años, su genio intemperante, violento y desaforado. El éxito fue inflando su yo hasta hacerlo perder la visión de la realidad, y la flexibilidad necesaria para imponer o negociar su criterio.” (c.f. Bolívar de Carne y Hueso, Pomaire, 1991, p. 27).
A Bolívar se le ocurre, sin ser jurista por más que luego se le diese un título honoris causa de abogado, proponer él mismo la Constitución para la naciente Bolivia. Entre sus ideas tremendas estaba proponer una presidencia y un senado tanto vitalicios como hereditarios, además de un poder moral bastante próximo a la censura. No contento con esto, Bolívar pretenderá que esa constitución se imponga en Perú y Gran Colombia, promoviendo exaltaciones populares para exigirla como sustituta a la Constitución vigente de 1821. Siguiendo a Gerhard Masur:
“El deseo de Bolívar era combinar las ventajas de todos los sistemas políticos, pero lo que hizo fue una combinación de todos sus defectos. Y aún fue más allá en su error: se enamoró de este hijo de su fantasía política concebido en éxtasis y acabó considerándolo verdadera panacea, remedio seguro para todos los males: «Todos considerarán esta Constitución como el Arca de la Alianza, como transacción entre Europa y América, entre militares y civiles, entre democracia y aristocracia, entre imperialismo y republicanismo. Todos me dicen que esta Constitución será el gran instrumento de nuestra reforma social». Eso no es sólo una afirmación exagerada de su propio acierto en el campo del pensamiento político, sino también una demostración de que no logró captar los problemas esenciales de América del sur.” (c.f. Simón Bolívar, Círculo de Lectores, 1975, 482-3).
El asunto de nombrar vitalicio a un presidente y, no contento con eso, darle carácter hereditario a sus títulos y a los de los senadores, era suficiente para quienes denunciaban planes bolivarianos para asumir una corona o una dictadura. ¿De dónde sacó Bolívar esa idea? Arciniegases convincente alpostular que Bolívar tomó ese concepto de su temporada como exiliado político en Haití, la primera república negra libre de América, la cual a su vez tomaba principios de la Francia Imperial, su antigua sojuzgadora. Haití, junto con Venezuela, tiene un récord curioso en cantidad de constituciones promulgadas. Ya en 1816, Haití tenía varios experimentos tras un primer intento en 1801. Citando a Arciniegas: “Haití tiene todavía nuevas constituciones: 1807, 1811, 1816. En todas se sigue la línea de presidencia vitalicia (o la corona) y hay la constante de sucesión como la introdujo el Libertador en la Constitución de Bolivia (…) Los trece primeros artículos de la Constitución de Angostura [1819] los tomó Bolívar de la del año 16 de Haití. En Bolivia introdujo la presidencia vitalicia.” (p. 63)
El rechazo al federalismo es otra clave en ese proyecto. A diferencia de los nacientes Estados Unidos de América, Bolívar cree ya desde 1812 en su Manifiesto de Cartagena, que es inviable concebir a las nacientes repúblicas como una federación de estados independientes. Bolívar cree que las naciones deben ser administradas centralizadamente, sin admitir el concepto de asociación entre varios países. En EEUU vemos cómo ese sistema ha persistido desde su creación: los estados pueden tener leyes y tributación distintas, mas se admite un poder ejecutivo, legislativo y judicial común en la capital, donde también residen las fuerzas armadas nacionales.
Bolívar rechaza el federalismo, lo cree impracticable en América del Sur. Siguiendo a Arciniegas: “Al hacer estas afirmaciones, el Libertador se olvidaba no sólo de repúblicas mejor organizadas que la de Haití, los Estados Unidos o Suiza, sino que iba en contra del punto de partida de la guerra de independencia. El sentimiento anti-centralista como reacción de toda América fue lo que llevó a la lucha contra el imperio español.” (p. 263). Y el mismo autor afirma: “Sólo un federalismo comprensivo hubiera permitido mantener dentro de un mismo estado partes tan diversas como Venezuela, Nueva Granada y Ecuador. Así había logrado Estados Unidos su independencia, y éste sería el camino para su expansión.” (p. 200)
En este error centralista,Arciniegas tiene un gran acierto al vincularlo con las prácticas políticas en España y en gran medida puede señalarse que en España el gran problema institucional ha sido su rechazo a adoptar el sistema federal: “Un discreto pacto social de federación quizás habría evitado los conflictos que luego se han presentado con Cataluña, el país vasco o Galicia. Nosotros tuvimos la escogencia entre el ejemplo disociador y el de federación norteamericana. Optamos por lo español, sin fuerzas suficientes para mantener unida a la Gran Colombia.” (p. 201)
Bolívar tenía una opinión pesimista sobre las virtudes ciudadanas de la América Española, lo cual lamentablemente genera un efecto de retroalimentación: si se cree incapaz a un pueblo para la democracia, jamás se le gobernará con medios democráticos que la cimienten. El Libertador quería el gobierno vitalicio por temor a las elecciones y él mismo señala: “El presidente de la República nombra al vicepresidente para que administre el Estado, y le suceda en el mando. Por esta providencia se evitan las elecciones, que producen el grande azote de las repúblicas, la anarquía, que es lujo de la tiranía y el peligro más inmediato y más terrible de los gobiernos populares.” (p. 46) Su fatalismo está en esta cruda carta al mariscal Sucre que cita Arciniegas, hecha a poco de redactarse la Constitución para Bolivia:
“Estamos muy lejos de los tiempos de Atenas y de Roma y a nada que sea europeo debemos compararnos; el origen más impuro es el de nuestro ser. Todo lo que nos ha precedido está envuelto en el negro manto del crimen. Nosotros somos el compuesto de esos tigres cazadores que vinieron a la América a derramarle la sangre y a encastar con las víctimas antes de sacrificarlas, para mezclar después con los frutos de esos esclavos arrancados del África. Con tales mezclas físicas, con tales elementos morales, ¿Cómo se pueden fundar leyes sobre los héroes y principios sobre los hombres?” (p. 53)

Bolívar quiere imponer su Constitución en Bolivia, Perú y Gran Colombia. En ese mismo momento otro venezolano, Páez, convertido en burócrata militar para el departamento venezolano de Gran Colombia, comete excesos al reclutar soldados y deja de presentarse al procesamiento civil que corresponde hacérsele en Bogotá, sede del poder público. Esta insubordinación se realiza con agitación pública y hasta muertos en la ciudad venezolana de Valencia, encendiéndose el movimiento conocido como “La Cosiata”, mediante el cual los separatistas aprovechan el episodio de Páez para proponer la secesión de Gran Colombia. Bolívar retorna a Colombia desde Perú ante esta crisis.
Antonio Torres resume bien esta crisis institucional generada por dos próceres venezolanos: “…Dos eran, pues, los alzados. Páez, contra las autoridades de Bogotá, y Bolívar contra la constitución misma.” (c.f. EL SUEÑO DE UN MANTUANO. SEGUNDA PARTE. Fondo Editorial Tropykos, 1998, p. 21)
En medio de estas dos fuerzas centrífugas, estaba el vicepresidente Santander.
LA POSTURA DE SANTANDER
El pensamiento de Santander se resume en esa frase suya que hoy engalana la sede de los poderes públicos colombianos: “Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad.”
Al ver a Bolívar desautorizando la Constitución vigente de 1821 e imponiendo la suya propia de Bolivia, mediante recurso a asambleas populares en Quito, Santander entra en razonable angustia. Este personaje tenía una clara predilección por el respeto a las leyes que estaban vigentes en Colombia e hicieron posible su tranquilidad institucional para libertar Perú. Siguiendo a Arciniegas:
“La ruptura entre Bolívar y Santander no es un enfrentamiento personal, no es un duelo por apoderarse del gobierno. Se trataba de un apasionado debate entre dos concepciones políticas: la una, fundada en los principios de democracia representativa proclamados en Cúcuta; la otra, en la presidencia vitalicia del cesarismo democrático. Santander sostenía el sistema que le había permitido echar las bases de un estado moderno, Bolívar el que había servido en las campañas de la guerra. Tal fue el forcejeo entre quienes sostenían la Constitución de Cúcuta del 21, y quienes pensaban en otra calcada sobre la escrita para Bolivia.” (p. 195)
Gabriel Fonnegra compila cartas de Santander a Bolívar en esta etapa y en ellas se percibe, además de desesperación y afecto, un firme llamado a respetar las leyes vigentes (c.f. FRANCISCO DE PAULA SANTANDER. ESCRITOS POLÍTICOS. El Áncora Editores, 1983). Las citaré de esa misma colección, como ejemplos elocuentes.
Cuando Santander conoce que en Guayaquil y Quito se apoyala adopción del nuevo código boliviano y que se cree una dictadura, escribe el 8 de octubre de 1826: “Las actas de Guayaquil y de Quito creando una dictadura contra el pacto colombiano existente, insultando tan groseramente al gobierno nacional, son la ignominia de Colombia, y la repetición de los actos del pueblo danés que no quiso que lo gobernara su rey sino despótica y absolutamente. Una dictadura en Colombia constituida, cuando la mayor parte de los departamentos han abrazado la causa de la constitución contra los rebeldes de Venezuela, es el borrón más negro que los autores del proyecto podían echar sobre su patria. ¡Qué! ¿Ya está en disociación el pueblo colombiano? ¿Se acabaron las leyes?...” (p. 56)
En esa misma carta a Bolívar, Santander expone fraternalmente:
“Usted me ha llamado el hombre de las leyes, y juro que no seré nunca desmerecedor de tan bello y hermoso título: Usted me ha llamado siempre su amigo, y mil veces protesto que no seré infiel a esta expresión tan satisfactoria, ocultándole la verdad.” (p. 59)
A Páez, Santander le describe justificadamente de esta forma en carta del 15 de julio de 1826: “el ignominioso ejemplo de un magistrado débil, que contribuyó a hollar el pacto social, y no tuvo la firmeza correspondiente para sacrificarse por los buenos principios y el orden constitucional.” La tirantez entre Santander y Páez databa desde sus campañas en los llanos venezolanos, por lo cual hay alguna hipocresía en esta afirmación siguiente de la misma carta, sin desmerecer su esencia: “Páez mismo se me presenta como un hombre a quien usted sabe que le he profesado verdadera amistad, y que tengo motivo para agradécele las distinciones que me hizo, en tiempos que muy pocos las obtuvieron. Delante de mis ojos no hay otra cosa que la Constitución y el orden público, como objetos inviolables y sagrados por cuyo sostenimiento debo hacer esfuerzos, sean quienes fueren los que las despedacen y destruyan. Esa misma Constitución será mi guía segura, y la opinión nacional será mi fuerza.” (p. 53)
Cuando adulantes y partidarios secundan a Bolívar en su plan, Santander dice, en esa carta seminal de 8 de octubre de 1826:
“Mi general, ¿me cree usted su verdadero amigo? ¿Me cree interesado en el bien de mi patria y la gloria de usted? Pues con toda la efusión de un corazón leal y sincero le ruego a usted que no apruebe las actas de Guayaquil y de Quito, ni se preste a llamar la gran convención. Hágalo usted por la patria que tanto le cuesta, por la suerte futura de tantos colombianos que nos sucederán, por el bien de la causa americana, por su reputación y por su propia gloria.” (p. 59)
Este fue el preámbulo a un desastre ocurrido entre 1827 y 1839, el cual se resume así: Bolívar va a Venezuela y perdona a Páez, dándole incluso más poder; se cesa a Santander en el cargo de vicepresidente; en marzo de 1827 Bolívar rompe con Santander desde Caracas. Santander le responde así el 29 de abril de 1827:
“No puedo menos que agradecer a usted mucho su carta del 19 de marzo, en que se sirve expresarme que le ahorre la molestia de recibir mis cartas, y que ya no me llamará su amigo. Vale más un desengaño, por cruel que sea, que una perniciosa incertidumbre, y es cabalmente por esto, que estimo su declaración.” (p. 91)
Y agrega:
“Gané la amistad de usted sin bajezas, y sólo por una conducta franca, íntegra y desinteresada; la he perdido por chismes y calumnias fulminadas entre el ruido de los partidos y las rivalidades; quizás las recobraré por un desengaño a que la justicia de usted no podrá resistirse. Entre tanto, sufriré este último golpe con la serenidad que inspira la inocencia.” (p. 92)
La Convención de Ocaña de 1828 pretendió establecer la Constitución Boliviana, mas falló y los bolivarianos la abandonaron. Bolívar asumió entonces la dictadura. El 25 de septiembre de 1828 intentan asesinarle. En 1830 Bolívar abandona la presidencia y se suceden la separación de Venezuela liderada por Páez, el asesinato de Sucre, el golpe de estado que da Urdaneta al nuevo gobierno colombiano y proyectos de adeptos a Bolívar para invadir a la rebelde Venezuela. Esta última destierra y proscribe a Bolívar ese año, con visto bueno de Páez, llegando al colmo de exigir que sólo habría entendimiento con Colombia si esta también sacaba a Bolívar del territorio. Ya Santander había sido exiliado por Bolívar en 1828, condonándole la pena de muerte por su complicidad en el atentado de septiembre.
El 17 de diciembre de 1830, a exactos 11 años de fundar la mayor república andina, fallece el genial Bolívar. No obstante puede que valga lo que decía López de Mesa y cita Arciniegas: “Bolívar murió en Lima.” (p. 49) En su grandeza, el titán Libertador, injustamente maltratado por naciones a las que dio tan grandes servicios, pudo ver su error en las horas finales de vida, escribiendo a Urdaneta: “el no habernos arreglado con Santander nos ha perjudicado a todos” (p. 76)
La gestión pública de Santander tuvo puntos oscuros, obviados por Arciniegas. Su manejo financiero distó de ser transparente al adquirir un empréstito con Londres, del cual habría sacado comisión; bajo su comando financiero la República entró en impago de su deuda externa (default de 1826); Santander habría apoyado que se retirase a Bolívar el comando de tropas en Perú por decisión del Congreso, lo cual impidió a El Libertador comandar en Ayacucho, con gran riesgo para la causa patriota en la batalla decisiva. Además desde Bogotá Santander apoyaría el alzamiento de militares colombianos en Perú contra sus jefes, liderado por Bustamante, con el cual se repatrió el ejército a Colombia, claramente conspirando contra los planes dictatoriales andinos de Bolívar y lo cual catalizó la ruptura en 1827. El atentado a Bolívar en 1828 habría sido conocido anticipadamente por Santander… En fin, recordemos que estos hombres, Páez, Santander, Bolívar y Sucre a su pesar hubieron de ocupar un oficio mucho más arriesgado que el de guerreros: participar en la arena política.

carlosurgente@yahoo.es
 Otros artículos que te pueden interesar
Combatientes de Trinidad y Tobago dentro de ISIS
La justicia argentina sigue siendo poco confiable
Delincuencia y Revoluciones
A raíz de Domingo Faustino Sarmiento
Radiografía del yihadismo en Europa
AHORA EN PORTADA | Ver  
La justicia argentina sigue siendo poco confiable
Las empresas más grandes del mundo ya son las tecnológicas
Eugenia Silva reaparece espectacular
Dispara, yo ya estoy muerto
A raíz de Domingo Faustino Sarmiento
ARCHIVO
Ver posts de otros meses

JUNIO 2017 (1 artículos)

MARZO 2016 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (3 artículos)

OCTUBRE 2015 (2 artículos)

SEPTIEMBRE 2015 (3 artículos)

AGOSTO 2015 (1 artículos)

JULIO 2015 (1 artículos)

JUNIO 2015 (3 artículos)

MAYO 2015 (2 artículos)

ABRIL 2015 (1 artículos)

FEBRERO 2015 (2 artículos)

ENERO 2015 (1 artículos)

DICIEMBRE 2014 (3 artículos)

OCTUBRE 2014 (1 artículos)

JULIO 2014 (1 artículos)

JUNIO 2014 (2 artículos)

MAYO 2014 (3 artículos)

ABRIL 2014 (4 artículos)

MARZO 2014 (3 artículos)

FEBRERO 2014 (6 artículos)

ENERO 2014 (4 artículos)

DICIEMBRE 2013 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2013 (3 artículos)

OCTUBRE 2013 (4 artículos)

SEPTIEMBRE 2013 (1 artículos)

AGOSTO 2013 (2 artículos)

JULIO 2013 (5 artículos)

JUNIO 2013 (4 artículos)

MAYO 2013 (4 artículos)

ABRIL 2013 (4 artículos)

MARZO 2013 (4 artículos)

FEBRERO 2013 (5 artículos)

ENERO 2013 (2 artículos)

DICIEMBRE 2012 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2012 (3 artículos)

OCTUBRE 2012 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2012 (4 artículos)

AGOSTO 2012 (3 artículos)

JULIO 2012 (5 artículos)

JUNIO 2012 (2 artículos)

MAYO 2012 (2 artículos)

ABRIL 2012 (4 artículos)

MARZO 2012 (4 artículos)

FEBRERO 2012 (6 artículos)

JULIO 2011 (1 artículos)

MAYO 2011 (1 artículos)

DICIEMBRE 2010 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2010 (1 artículos)

FEBRERO 2009 (1 artículos)

ENERO 2009 (1 artículos)

 VENEZUELA
Otra perorata de Nicolás Maduro
Bolivar y Maduro en Venezuela
Así podría salvar Trump a Maduro
Hezbollah impulsa al vicepresidente Tareck El Aissami como reemplazo de Nicolás Maduro en Venezuela
LA PORTADA DE NUESTROS LECTORES | Ver
La justicia argentina sigue siendo poco confiable
Combatientes de Trinidad y Tobago dentro de ISIS
Argentina: Lo que somos, lo que alguna vez fuimos y lo podríamos ser
Vida con estrella
Colombia, privilegiada por la visita papal

© El Diario Exterior - Calle del General Arrando 14, Bajo Derecha, 28010, Madrid - Tel.:(34) 91 532 28 28
Aviso legal  /   Quiénes somos  /   Contactar  /    RSS