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Elías Amor Bravo
Los males de la economía cubana
Actualizado 20 enero 2006  
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Elías Amor Bravo   
Me propongo avanzar algunos apuntes sobre los que considero principales males de la economía cubana, presentes y futuros, que precisan soluciones cuanto antes, y que el régimen de Castro es incapaz de atender en la medida que no se plantee un cambio en su orientación.

Es evidente que muchos de estos problemas exigen la instauración en la Isla de una economía basada en los derechos de propiedad, la asignación de recursos por medio del mercado y la libre empresa. Pero estos elementos no parece que vayan a entrar en el diseño que Castro tiene en este último tramo vital para su régimen, por lo que en ausencia de estos cambios necesarios que tendrán que llegar durante una compleja transición a la democracia y la libertad, el análisis de los males de la economía cubana se tiene que realizar dentro de tales restricciones, aunque ello suponga realizar un ejercicio muchas veces excesivo de prudencia analítica.

1. Debilidad para colocar sus productos en el exterior y elevada dependencia externa: La filosofía económica de los revolucionarios del 59 suponía aceptar que Cuba tenía que concentrar sus esfuerzos en el mercado interno. El comercio exterior necesariamente pasaba a un segundo plano. Grave error. La inserción de la economía cubana en la economía mundial pasaba justamente por lo contrario. Los estudios disponibles apuntan a que, tras la segunda guerra mundial, Cuba se convirtió en una gran potencia exportadora de productos agrícolas, y a comienzos de los 60 estaba dispuesta para dar el salto hacia la exportación agroalimentaria, que incorpora un mayor valor añadido. Aunque la historia posterior lo impidió, cuatro décadas de política económica estalinista han servido para enterrar cualquier posible escenario de competitividad global.

No existe un solo sector de la economía cubana abierto al exterior y competitivo, a pesar de los bajos costes salariales medios de la población. No existen recursos naturales, ni productos agrícolas, ni manufacturas, ni servicios que puedan aportar a la balanza comercial un saldo positivo que permita afrontar unas importaciones fuertemente ligadas al ritmo de crecimiento económico. Simplemente, el régimen no ha sido capaz de promover productos y servicios atractivos para los mercados mundiales, y se han perdido cuatro décadas que tardaremos en recuperar. Ese es el "círculo vicioso de la economía cubana": su incapacidad para ocupar un lugar en la competencia global, su insuficiencia exportadora, el escaso interés que para el comercio mundial tienen sus principales sectores y actividades productivas. La orientación exportadora de la economía cubana exige un análisis de sus potencialidades internas y externas, un detallado estudio de los mercados mundiales y del posicionamiento regional de la economía, su espacio mas adecuado para la especialización en función de la demanda internacional a atender, y la elección de los socios comerciales mas adecuados para concretar acuerdos a medio y largo plazo. ¿Cuenta Cuba con expertos en comercio exterior? ¿Dispone el régimen cubano de especialistas en estudio de mercados y desarrollo de redes de comercialización? ¿Está la economía estalinista cubana en condiciones de acordar planes de distribución en tiempo real con las principales compañías comerciales, como las transitarias de buques, por ejemplo? Cuestiones a las que habrá que prestar atención.

2. Escasa relación entre los distintos sectores productivos internos de la economía: La política económica castrista ha sido incapaz de establecer firmes lazos intersectoriales entre las distintas ramas de actividad de la economía cubana. En todos los países, los distintos sectores productivos generan efectos que los economistas conocen bien, y denominan "linkage effects" (eslabonamiento) en virtud de los cuáles unas actividades productivas "tiran" de otras y gracias a esa interdependencia, se generan positivas dinámicas de crecimiento sostenido. Las tablas input output sirven para estudiar como se plantean esas conexiones entre los sectores y a partir de las mismas se obtienen los coeficientes técnicos que permiten explicar el modelo de crecimiento sectorial. Nada que ver con el modelo de crecimiento autárquico que progresó en Europa después de la segunda guerra mundial. El análisis intersectorial trata de identificar como las distintas ramas de actividad de relacionan entre si y se impulsar unas a otras, lo que permite a las autoridades diseñar políticas económicas eficaces.

En la economía cubana, no existen indicios de estos procesos. Por ejemplo, el país carece de una potencia eléctrica suficiente no solo para las actividades productivas, sino para atender las necesidades mínimas de la población. Los "apagones" continuos son el resultado de unas infraestructuras eléctricas que, en absoluto, fomentan el crecimiento económico, y que causan pesar a los inversores internacionales. Los pésimos índices de consumo de electricidad por habitante que se producen en la Isla solo son comparables con otros países de muy bajo nivel de desarrollo.

Otro ejemplo, la construcción no ha cumplido jamás el papel de sector que dinamiza al resto de actividades productivas. La vivienda en Cuba se encuentra en un estado muy deficiente en cuanto a volumen y calidad, y no parece que la política gubernamental sirva para situar a este sector a la vanguardia del crecimiento. Conocido es que el sector de la construcción activa e impulsa otras actividades manufactureras y de servicios que en la economía cubana están prácticamente ausentes, dado que la población carece de acceso a los mismos como consecuencia de la continuidad de los racionamientos.

Incluso, sectores productivos que muestran un cierto dinamismo, como el turismo, configuran "clusters" aislados, con escasa relación con las actividades productivas internas, y dominados por las operaciones joint venture de extranjeros, ciertamente en declive durante los últimos años como consecuencia de los continuos vaivenes de las autoridades en materia de política económica.

En ausencia de sectores como banca minorista, comercio al por menor, restaurantes y cafeterías, seguros, transportes, etc, la economía cubana muestra evidentes síntomas de primitivismo, que suponen una traba para identificarse con las tendencias que, a nivel global, se observan en otros países de la zona. 3. Bajos niveles de inversión productiva en vivienda e infraestructuras: La participación de la formación bruta de capital fijo en el Producto interior bruto de una economía es un indicador del potencial de desarrollo, ya que los recursos que se destinan a inversiones productivas suponen un crecimiento de la capacidad de producción de la economía que se traslada al futuro en forma de mas crecimiento económico, de ingresos, de empleo y bienestar. Los datos relativos a este indicador en la economía cubana, sobre todo a partir del período especial, son muy insatisfactorios. En los últimos doce años, la inversión productiva en la Isla se ha desplomado y alcanza uno de los porcentajes mas bajos del conjunto de países de la región, utilizando datos directamente comparables elaborados por la CEPAL. Como consecuencia de esa parálisis de inversiones, el potencial de crecimiento es cada vez menor, y el presupuesto público se destina prioritariamente a financiar actividades de gasto corriente que no contribuyen a generar unas sólidas bases de futuro, y en cambio, suponen un mayor endeudamiento.

Si se pretende dar solución a este problema, el régimen tiene que hacer un esfuerzo importante con las cuentas públicas y destinar a inversiones productivas un porcentaje estable del 10% anual en los próximos diez años, y con ello, apenas se alcanzaría un 70% del promedio anterior a 1989. No cabe duda que la participación de capital privado en este proceso resulta fundamental, pero conocida es la negativa a ofrecer espacios a la iniciativa empresarial privada en la Isla, y no parece que el capital extranjero que invierte en Cuba, fundamentalmente a corto plazo, vaya a embarcarse en este tipo de operaciones, siempre de alto riesgo cuando se trata de Cuba.

4. La política económica "liberalizadora" vino impuesta, no fue resultado de una elección libre: No cabe duda que en 1989 nadie esperaba en Cuba lo que iba a traer consigo el derrumbe del muro de Berlin y del "socialismo real" en Europa. La economía cubana se quedó sin recursos para afrontar sus necesidades de mas corto plazo y se vio en la necesidad de adoptar una serie de medidas liberalizadoras que venían impuesta por urgencia de divisas y la ruptura de los circuitos tradicionales de financiación. El nivel de vida de los cubanos, paradójicamente, mejoró de forma sostenida con la liberalización del dólar y su libre circulación en la Isla, la apertura de los mercados agropecuarios y de las tiendas en divisas, aunque con ello se iban generando profundas divisiones en el seno de la sociedad cubana entre la población con acceso al área del dólar, y los que, precisamente por su fidelidad a la revolución, carecían de familiares en el exterior. La experiencia mostró que la facilidad para la inversión extranjera o las decisiones para captar vorazmente las divisas, tenían un recorrido limitado, con escaso impacto a medio y largo plazo. No es extraño que tan pronto como se han suavizado las condiciones impuestas por la crisis del período especial, el régimen de marcha atrás y vuelva a introducir medidas centralizadoras y de control económico que suponen en cierto modo un regreso a la ortodoxia y a los modelos intervencionistas del pasado. Por eso, es que resulta tan difícil entender lo que está pasando actualmente en la economía cubana y los pasos que se dan tanto en una dirección como en la contraria. Tiempo habrá para seguir abordando estos males de la economía cubana con mas detalle.
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