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CARLOS GOEDDER

La Economía y nuestros problemas, según Gary Becker
Ha fallecido en mayo de 2014 el nobel de economía 1992, Gary Becker. Su conferencia nobel repasa las aplicaciones de la teoría económica para problemas humanos como la discriminación, el crimen, la educación y la dinámica familiar, con sorprendentes hallazgos y poderosas conclusiones.
Actualizado 3 junio 2014  
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Carlos Goedder   
 Al profesor Tomás Eguren

El primer contacto que tuve con la obra de Gary Becker, nobel de economía fallecido en mayo de 2014, fue durante 1994, en los cursos de teoría microeconómica que impartió en la UCAB de Caracas un profesor ya fallecido, D. Manuel Jacobo Cartea. En aquellas sesiones este profesor incorporó precisamente la conferencia nobel de Gary Becker, en una versión resumida de su propia traducción. En este trabajo regreso a esa lectura que hice en la Universidad, si bien empleando la conferencia original en inglés y comprobando que aún me resulta desafiante y provocadora. [1]
 
Algo delicioso en la formación como economista – y entiendo debería ocurrir en toda ciencia y arte- es que los problemas a estudiar nunca cesan y toda teoría puede rescatarse para confrontarlos en cualquier momento. No menos relevante es cómo nos impresiona de modo distinto una teoría a medida que ganamos edad y con ella tanto conocimiento como experiencia. Cuando leí la conferencia nobel de Becker, con 19 años, me llamó la atención su enfoque económico del crimen y el capital humano. En este estadio vital, con 38 años, me ha causado mayor impresión su análisis económico de la familia y las consecuencias macroeconómicas de los problemas estudiados.Sin duda el tema familiar es más inquietante para un hombre ya casado y la macroeconomía me importa más como trabajador y contribuyente.

La conferencia del nobel repasa su uso de la teoría económica para entender el comportamiento humano en la esfera social y familiar. Becker señala: “Mi investigación emplea el enfoque económico para analizar temas sociales que se encuentran más allá de los usualmente considerados por los economistas.” (p. 139) Y agrega: “Es un método de análisis, no una suposición sobre motivaciones particulares. Junto a otros, he intentado disuadir a los economistas de supuestos reducidos sobre el interés propio. La conducta es guiada por un conjunto más amplio de valores y preferencias.” (p. 139)

Becker repasa en su conferencia cómo ha empleado el análisis económico para estudiar la discriminación contra minorías, el crimen, la educación (el capital humano es un término acuñado por él) y la familia. En estos estudios se incorporan conceptos que los estudiantes de economía abordan desde los inicios de su carrera: análisis costo-beneficio, utilidad esperada, valor presente de ingresos futuros, coste de oportunidad, aversión al riesgo y otros más sutiles como juegos cooperativos y no cooperativos.

En su propio manual de teoría económica [2], Becker señala (p. 12):

“Por ejemplo, el análisis económico ha resultado muy útil para entender la participación de niños y mujeres en la fuerza laboral, en la asignación del tiempo a varia actividades no asociadas con el mercado, o hasta en la estructura familiar. También se ha utilizado para permitir un conocimiento más profundo del fenómeno de la competencia entre los partidos políticos para ganar puestos electivos. Aún el comportamiento ilegal y las fuerzas tanto económicas como psíquicas, que inducen a gente a participar en actividades criminales, pueden ser analizadas dentro de un marco analítico económico.”

Lo primero que puede resultar chocante es considerar estos problemas sociales y familiares, usualmente tratados desde la sociología, la axiología, el derecho o la religión, desde la economía.   En este sentido es afortunado citar un trabajo [3] del nobel de economía 1986 James M. Buchanan (1919-2013), fallecido casi 18 meses antes que Becker:

“El argumento de la simetría sugiere solamente que cualquiera que sea la hipótesis de comportamiento usada, este modelo tiene que aplicarse a todas las instituciones. El argumento insiste es que es ilegítimo restringir el homo economicus al terreno de los comportamientos de mercado y emplear modelos claramente diferentes en situaciones distintas al mercado, sin usar una explicación coherente de cómo tiene lugar ese cambio en la conducta.” 
(p. 89)
El homo economicus es una simplificación conceptual sobre lo que guía la conducta humana, la cual se les explica a los estudiantes de economía en la primera semana de clase. Se supone que el ser humano cuando participa en el mercado está guiado por su propio interés, que busca maximizar su bienestar (utilidad si se quiere) y que es proclive al oportunismo: buscará beneficios al percibir fallos en los precios y las normas. Buchanan cuestionó el porqué se ha de esperar que fuera del mercado, en la arena política, el ser humano se comporte de modo distinto. Lo mismo vale pensar para el comportamiento en sociedad e incluso la familia. Es decir, si pensamos que el ser humano sopesa costes y beneficios, pondera riesgos y valora el futuro, ¿Por qué pensar que sólo lo hace mientras va a trabajar, a comerciar e invertir? Si reconocemos como plausible que la conducta humana en el mercado incorpora estos elementos, resulta extraño suponer que el cerebro humano funciona como las computadoras y las tablets contemporáneas, empleando un aplicativo mientras está en el mercado y cerrándolo para abrir otro cuándo va a votar en las elecciones o cuando cruza la puerta para volver a casa. Tal pérdida de interconexiones entre esferas de actuación es poco plausible. Ciertamente la esfera de intereses humana es amplia y es probable que se dé más ponderación al altruismo y la lealtad en un entorno familiar o amigable, mas no por ello podemos pensar que se apaga o anula ´completamente nuestra conducta racional y la búsqueda del beneficio que funcionan bien como estrategia de supervivencia para la vida en el mercado.

Gary Becker, al repasar en su conferencia nobel el trabajo más arduo que realizó, el referente a la institución familiar – él mismo señala en la ponencia que el Tratado sobre este tema lo dejó agotado durante dos años [4]-, señala el supuesto conductual que emplea para estudiar la familia (p. 149):

“El punto de partida de mi trabajo sobre la familia es el supuesto de que cuando hombres y mujeres deciden casarse, o tener niños, o divorciarse, pretenden elevar su bienestar mediante la comparación de beneficios y costes. Así que se casan cuando esperan estar mejor que si permaneciesen solteros, y se divorcian cuando esperan incrementar su bienestar.”

Es importante señalar que los beneficios y costes no se refieren solamente a dinero. Es más, ni siquiera tienen que ser monetarios. Al inicio del texto de su conferencia, Becker recuerda todas las restricciones que tenemos en nuestra realidad física y que entran en nuestras estimaciones mentales de costes y beneficios: “Las acciones están restringidas por el ingreso, el tiempo, la memoria imperfecta y nuestras capacidades de cálculo y otros recursos limitados, y también por las oportunidades disponibles en la economía.” (p. 140) Y añade esta frase: “…La restricción más fundamental es el tiempo limitado.” (p. 140)  Esto último es decisivo para entender la valoración del tiempo en economía.

El tiempo se nos hace más valioso en la medida que tenemos más opciones de consumo y de allí que nuestras decisiones de trabajo y ocio incorporen como elemento fundamental el precio que imputamos al tiempo.   

Los venezolanos y latinoamericanos en general tenemos como importante componente de nuestra educación sentimental las telenovelas. Incluso en ese ámbito comprobamos que los personajes en sus decisiones sentimentales y triángulos amorosos incorporan valoraciones del futuro, beneficio esperado y exhiben mayor o menor aversión al riesgo. Usualmente “la mala” de la novela actúa sólo movida por codicia y egoísmo, pero incluso “la buena” acaba siempre casándose con alguien de mejor condición social. Con esta imagen simplemente se trae a colación que intuitivamente nos creemos lo que dice Becker, que hay acción interesada y conducta racional en nuestras relaciones sentimentales. Él mismo señala que en el medio académico fue donde causó más polémica su supuesto conductual, ya que la familia era tema reservado para la medicina, la psicología, el derecho y la filosofía moral.  

Tras estas consideraciones, se puede repasar los aportes que Becker considera ha hecho en sus líneas de trabajo.
En el problema de la discriminación, incluyendo género, grupo étnico, preferencias políticas y cualquier maltrato a minorías, el autor considera que esta discriminación ocurre cuando el grupo excluido no cuenta con una dimensión suficiente para proveer capacidades al mercado. En una economía donde el grupo excluido es grande en población o  capacidades, no sólo el discriminado tiene pérdidas, sino que el racista, xenófobo o el machista también tienen perjuicio, considerando las pérdidas de eficiencia y el sobreprecio por la exclusión. Por dimensión poblacional, la exclusión contra población negra era insostenible y costosísima en Sudáfrica, donde los blancos eran 20% del tamaño de la población negra, mientras en EEUU la población afroamericana alcanza un noveno del tamaño de la población blanca.

Si bien este tema de discriminación se asocia usualmente a racismo y sociedades patriarcales, en la Venezuela de 2014 cobra relevancia el coste social por la exclusión de disidentes políticos, quienes al ser alejados de la actividad productiva por su afiliación partidista generan grandes pérdida económicas y de conocimiento a toda la sociedad. Varios trabajadores y ejecutivos del sector petrolero despedidos por el fallecido presidente Chávez en 2002 optaron por emigrar y han sido fundamentales para el desarrollo que está experimentando la industria petrolera en Colombia (que ya produce un millón de barriles diarios). ¿Cuántos barriles de petróleo se habrán perdido en Venezuela, cuántos ingresos fiscales y cuántos recursos para programas sociales por esta miope exclusión?

Becker considera que en el mercado la exclusión por compañeros de trabajo y por clientes es incluso más nociva que por empleadores. Señala además el peligro de las profecías “autocumplidas”. Si la opinión pública – y peor aún, la de educadores y científicos- considera que los grupos excluidos –mujeres, negros, indígenas, inmigrantes- son menos calificados, pueden inducir a que estos grupos excluidos disminuyan su inversión en formación o descuiden sus habilidades laborales, confirmando el preconcepto en sociedades excluyentes. En sociedades latinoamericanas esto es especialmente relevante para los grandes grupos poblaciones que viven secularmente en pobreza y donde los servicios públicos seguramente son provistos bajo supuestos de menor valor y capacidades en estos estratos, disminuyendo la calidad de educación, salud e infraestructura que se les ofrecen.

Sobre la criminalidad, Becker recuerda que en la época en que inició esta línea de trabajo, décadas de 1950 y 1960, al criminal se le consideraba como un enfermo, un minusválido que precisa compasión más que condena. La originalidad de Becker fue considerar que incluso el criminal sopesa costes y beneficios y que  “el comportamiento criminal es racional.” [5]

El que se suma al mundo criminal considera que las ganancias financieras del crimen exceden las del trabajo y la empresa legal, considerando en su análisis probabilidades subjetivas referente a su eventual captura y condena. Se añade a esto la expectativa sobre el castigo que se le puede imponer, bien sea multa, fianza o años de prisión (o pena de muerte, cuyo poder disuasorio no está del todo claro).  Luego, se delinque en esta situación:

B(E) > P(E) x C(E)

Donde B(E) es el Beneficio Esperado, P(E) la Probabilidad Esperada de ser efectivamente sancionado y C(E) el Castigo Esperado. Becker destaca que los más proclives al riesgo prestan más atención a la probabilidad de ser castigados que a la severidad del castigo (p. 144).  Los políticos y funcionarios públicos corruptos incorporarían este cálculo mental, más o menos competente, para solicitar sobornos o aceptar coimas. Indudablemente, en sociedades con marco jurídico débil, policía incompetente y juzgados corruptos se rebaja el Coste Esperado de la Criminalidad. Siguiendo a Becker (p. 143):

“La cantidad de crimen está determinada no sólo por la racionalidad y las preferencias de los potenciales criminales, sino por el ambiente económico y social creado por las políticas públicas, incluyendo gastos en fuerza policial, castigos por los diferentes crímenes, y oportunidades de empleo, escolaridad y programas de entrenamiento. Claramente, el tipo de trabajos legales disponibles, tanto como las leyes, el orden y los castigos son parte integral de la aproximación económica al crimen.”

El problema con el crimen es que no produce ingresos para la economía, sino que los redistribuye de manera forzada. Los recursos que destina una economía para gasto de policía y defensa son un componente de la demanda agregada que sustrae recursos para inversión social en educación, salud e infraestructura. Entender el componente microeconómico del crimen ayuda a modelar el esquema judicial y de valores sociales para castigar la conducta criminal y disuadirla, además de que seguramente una mejor calidad de gasto público en educación y salud tiene efectos multiplicadores en el PIB que no tiene el gasto militar o policial. No menos relevante es la relación inversa, cómo la gestión macroeconómica al generar resultados en el desempleo, inflación y menor recaudación tributaria altera las variables que consideran los criminales para sus potenciales fechorías.

No obstante -y esto es precisamente lo fascinante de estos análisis-,  la relación entre malos indicadores macroeconómicos, como recesión y desempleo, sobre mayor criminalidad no son tan obvias. Un reciente estudio del semanario The Economist (20 de Julio de 2013) se cuestionaba el porqué en varias economías sujetas a la Gran Recesión de 2008-2011 no se había incrementado la criminalidad y más bien había disminuido. Entre las hipótesis de respuesta entran consideraciones económicas que encajan en el marco propuesto por Becker: las mejores tecnologías para detectar ladrones (incluyendo cámaras de TV) y el menor valor de las pertenencias que las personas tienen en sus hogares (por ejemplo electrodomésticos y artículos informáticos de depreciación aceleradísima). [6].
En el ámbito de Capital Humano,[7] el término nos resulta familiar hoy día, mas Becker fue el pionero en acuñarlo. No resultaba intuitivo comparar a las personas con bienes de capital, mas lo que el término entraña es que el conocimiento puede producir también ingresos, bienes y servicios, como el capital físico. Becker señala, en su conferencia nobel: “El análisis del capital humano empieza con el supuesto de que los individuos deciden sobre su educación, entrenamiento, cuidado médico y otras adiciones a su conocimiento y salud  ponderando beneficios y costes.” (p. 145)  En esta línea de trabajo él tuvo dos influencias importantes, que menciona en su ponencia y en su Tratado sobre Capital Humano: Jacob Mincer (1902-2006), pionero de la economía laboral y el también nobel Theodore Schultz (1902-1998, quien fue laureado en 1979). Sobre el legado de este último he hecho un par de reseñas.[8]

Al tomar parte en programas educativos y de formación, quienes se instruyen tienen en cuenta el señalado valor económico del tiempo. Lo que se gasta (o mejor, invierte) en educación se contrasta con ingresos esperados futuros y con los ingresos que se podrían obtener al abandonar la educación y trabajar. Cuando se trata de niños y púberes, el problema es que este cómputo está en manos ajenas, de padres y representantes legales. Mas cuando ya se trata de jóvenes cercanos a la mayoría de edad o ya en edad laboral, ellos mismos consideran estos elementos. Residiendo en España, entre 2005 y 2013, asistí al boom inmobiliario previo a la recesión iniciada hacia 2008. Varios jóvenes, incluyendo vecinos míos, abandonaron los estudios ante los jugosos salarios en construcción, promoción inmobiliaria y compraventa de inmuebles. No dudo que varios de ellos engrosan el desempleo (paro) actual de 50% entre los jóvenes menores que 25 años y de casi 27% en la población activa total. Es apenas un ejemplo que ilustra las variables que Becker incorpora a las decisiones sobre educación y formación técnica:

“También se consideran los efectos sobre la tasa de retorno de la educación de: la mortalidad, la tributación a los ingresos, las ganancias a las que se renuncia y el crecimiento económico.” 
(p. 146)

El nobel 1992 matiza las diferencias entre conocimiento/entrenamientogeneral y específico. Cuando un trabajador se especializa esencialmente en los productos, prácticas y cultura de una empresa, surge un problema principal-agente, donde el empleado tiene menor incentivo para renunciar y menor probabilidad de ser despedido, pero puede ejercer presión para mejorar salarialmente y guardarse el conocimiento.

Es afortunado en pleno debate actual sobre distribución del ingreso, atizado por el libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century(Harvard University Press, 2014), que Becker haya mencionado en su conferencia esto (p. 147):
“El notorio crecimiento en la desigualdad del ingreso en los Estados Unidos durante la década de 1980, que ha encendido tanto la discusión política, es explicado en gran medida por los mayores rendimientos de los más educados y mejor entrenados.”

La Economía de la Familia incorpora elementos sobre el divorcio, la educación de los hijos, las herencias y la formación de las preferencias de los hijos. Uno de los temas más importantes sobre los que alerta Becker es cómo las políticas públicas de distribución del ingreso pueden incluso quedar sin efecto debido a la dinámica familiar. Un ejemplo son los incrementos de tipo impositivo para financiar las pensiones de los mayores: los padres pueden neutralizar esta carga tributaria sobre sus hijos jóvenes legándoles mayores herencias. Este es apenas un ejemplo. Nuevamente de mi experiencia española he extraído como conclusión cómo la red de soporte familiar puede ser uno de los más importantes estabilizadores del ciclo macroeconómico, ya que el altruismo familiar ha sido decisivo para neutralizar la recesión y desempleo récord que ha experimentado España desde 2008 y del cual apenas empieza a salir.

Otra consecuencia macroeconómica sobre la familia es el sistema de Seguridad Social. Becker considera que la “formación de preferencias racionales dentro de la familia” hace que los padres, con una conducta orientada hacia el futuro (forward-looking behavior) estimen su bienestar durante la vejez y tengan en cuenta el ingreso que dejarán de tener en la ancianidad al invertir hoy en la educación de los hijos y si efectivamente estos hijos se ocuparán de sus padres ancianos. Resulta menos chocante considerar esta otra idea de Becker: el contraste que hacen los padres entre el rendimiento del ahorro y el ingreso futuro esperado de los hijos como resultado de mayor educación. Esto guía a los padres sobre cómo dar mayor bienestar a sus hijos: por vía de herencia o mediante formación académica (nuevamente entra la política monetaria, vía tasas/tipos de interés en las decisiones microeconómicas). Volviendo a la idea inicial, los padres, incluso altruistas, tienen en cuenta que en el futuro dependerán en algún grado de sus hijos, cuando lleguen la vejez y la pérdida de salud. Esto puede generar que padres ajenos al altruismo sencillamente se encarguen de modular (Becker incluso usa la palabra “manipular”) las preferencias de sus hijos, inculcando culpa y responsabilidad, consiguiendo así garantizarse socorro futuro y sin siquiera sacrificar consumo presente, ya que desinvierten en educación y salud de estos hijos. Afortunadamente Becker demuestra que inculcar culpa de este modo deja la inversión en capital humano por debajo del óptimo, generando pérdidas económicas individuales para los hijos y para la sociedad.

La creación de vínculos entre familiares y de lazos cercanos de alguna manera responden a este problema del sacrificio en bienestar futuro de los padres (consumo en la vejez) por la inversión en capital humano de los hijos en el presente (educación y salud). El altruismo es incorporado en las preferencias familiares. No obstante, algunos miembros de la familia pueden ser oportunistas y fingir que les guía el altruismo para sacarles mayor inversión y consumo a sus padres (Teorema del Muchacho Malvado o Rotten Kid). La política macroeconómica puede disuadir la formación de este clima familiar, ya que al contar con mejores programas de Seguridad Social (y fondos de pensiones, que no menciona el nobel) los padres tienen menor incertidumbre sobre su consumo y atención en la vejez. El profesor Gary Becker se refiere a:

“Algunos cambios en el mundo moderno que han alterado los valores familiares, incluyendo el incremento en la movilidad geográfica, la mayor riqueza que proviene del crecimiento económico, mejores mercados de capital y de seguros, mayores tasas de divorcio, familias de menor tamaño y cuidados de salud financiados por el gasto público. Estos desarrollos han generalmente beneficiado a la gente, pero han además debilitado las relaciones personales dentro de las familias, entre esposos y esposas, padres e hijos, y entre familiares más lejanos, en parte por reducir los incentivos para invertir en crear relaciones más cercanas.”
 (p. 154-5).

El análisis económico de la familia también sugiere que las familias más acaudaladas son más reacias al divorcio (hay mayor pérdida esperada de ingresos) y que el menor tamaño de los núcleos familiares actuales se explica por el mayor coste de oportunidad que tiene el tiempo de los padres (hay mayores alternativas de ingresos y placer) y la mayor inversión en capital humano necesaria para que los hijos tengan buen nivel de vida.

Estas líneas de trabajo abre valiosas oportunidades para el estudioso de la economía, se esté o no de acuerdo con sus supuestos. Lo más valioso de estas  propuestas del nobel Gary Becker es el coraje para explorar terrenos nuevos para la economía, partiendo de la premisa de conducta racional pero sin renunciar al amplio abanico de motivaciones humanas y el azar que las rodea.  No menos importante es la repercusión para las políticas públicas de este conocimiento.

Citando de nuevo a Becker (p. 156):

“Es precisamente porque la teoría deriva implicaciones al nivel macro que es de interés para los responsables de políticas públicas y aquellos estudiando las diferencias entre países y culturas.”
Bogotá, Junio de 2014


[1] BECKER, Gary. “The Economic Way of Looking at Life”. En:Accounting for Tastes. Harvard University Press, 1998, pp. 139-161.
[2] BECKER, Gary. Teoría Económica. Traducción de Ana Catalina Mayoral. Fondo de Cultura Económica, 1987.
[3] BUCHANAN, James M. y Geoffrey Brennan. La Razón de las Normas. Economía  Política Constitucional. Traducción de José Antonio Aguirre R. Unión Editorial, 1987.
[4] Este Tratado cuenta con traducción castellana. Refiero la que poseo en mi biblioteca personal: BECKER, Gary. Tratado sobre la Familia. Traducción de Carlos Peraita de Grado. Alianza Editorial, 1987.
[5] Con los avances de la genética, en 2014 gana sustrato considerar al delincuente y al criminal como enfermos. El psiquiatra Mauro Torres, desde Colombia, ha planteado que una serie de conductas antisociales terribles (incluyendo estupro, incesto, pedofilia y asesinato) provienen de una carga genética alterada, con mutación débil, donde los árboles genealógicos incluyen alcoholismo. Ver al respecto: TORRES, Mauro. Compulsión y Crimen. Legis Editores, 2009. No obstante, incluso bajo estos padecimientos el enfermo tiene una capacidad racional activa para comparar costes y beneficios, si bien yerra ponderando excesivamente el placer inmediato de delinquir –lo cual lo haría de algún modo “amante del riesgo”, en jerga microeconómica. No menos importante es la línea de trabajo que propone que la carga genética no es inmutable y que las acciones –donde entran en consideración los incentivos de política pública- pueden modificar la programación hereditaria que tenemos. Ver al respecto: MOALEM, Sharon. InheritanceHow our genes change our lives and our lives change our genes. Sceptre, 2014.
[7] La obra capital de Becker en esta materia está traducida al castellano. Refiero la versión que poseo en mi biblioteca personal: BECKER, Gary. El capital humano. Un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación. Traducción de Marta Casares y José Vergara. Alianza Editorial, 1983.

 

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