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CARLOS GOEDDER

Lincoln, un político a la altura
Abraham Lincoln ofrece un referente para cualquier sociedad democrática confrontando graves disensiones internas
Actualizado 29 octubre 2012  
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Carlos Goedder   
                                                  Al Dr. Carlos OlazoNicolini, in memoriam


La película más reciente de Steven Spielberg, pendiente por estrenar en el mundo hispanoamericano, se titula LINCOLN y es un “biopic” dedicado a Abraham Lincoln (1809-1865), el decimosexto presidente estadounidense, quien gobernó entre 1861 y 1865, confrontando la Guerra de Secesión y falleciendo en un terrible magnicidio, tras haber sido reelecto para un segundo mandato pocos días antes.

Lincoln es una figura icónica sobre las virtudes de la democracia estadounidense. Si algo ha caracterizado a este país es el haber encontrado al líder correcto en un momento de cataclismo. Durante la Guerra de Independencia, tuvieron a sus “Padres Fundadores”, cuyo trabajo constitucional es el mejor de los siglos recientes. Cuando la nación tuvo su única guerra civil, apareció Lincoln. Cuando hubo el gran colapso económico de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, estuvo al comando Franklin D. Roosevelt. EEUU siempre tuvo grandes figuras para liderarla durante las peores crisis. Incluso el trabajo de Woodrow Wilson, quien estuvo al frente del Ejecutivo durante la Primera Guerra Mundial, tuvo sus méritos, si bien su salud deteriorada impidió una negociación efectiva para el reordenamiento europeo tras alcanzarse la paz. Y sólo la historia dirá si George W. Bush estuvo capacitado para confrontar el 11 de septiembre de 2001 y si el actual presidente Obama fue la mejor elección ante la Gran Recesión.

De Lincoln hay varios trabajos biográficos y es posible que este “biopic” de Spielberg ayude a difundir nuevas obras. En castellano hay dos estudios que me son especialmente gratos. El primero es la biografía hecha por Emil Ludwig (1881-1948), un historiador con gran penetración psicológica y grata escritura (esta obra ha sido traducida y publicada por Editorial Juventud, encontrándose de segunda mano y esperando reedición). Quizás la de Ludwig no sea la biografía más completa en datos y haya sido superada historiográficamente por otras, mas tiene el mérito de leerse agradablemente y penetrando la dimensión humana correspondiente a Lincoln. El segundo trabajo es hecho por Dale Carnegie, el célebre estudioso sobre temas como oratoria, relaciones interpersonales y gestión de las preocupaciones. En el catálogo de Carnegie, publicado por la argentina Editorial Sudamericana, está este título formidable, LINCOLN, EL DESCONOCIDO. La edición argentina que tengo es de 1999, con traducción por León Mirlas. El original de Carnegie es de ¡1950! El título aúnestá disponible en el catálogo de Sudamericana y también se consigue el original en inglés, LINCOLN THE UNKNOWN.

El mérito de LINCOLN, EL DESCONOCIDO, es que explora la historia personal del gran presidente y muestra muchos rasgos en su carácter que le dieron el éxito.

Las dificultades que tuvo Lincoln durante su mandato fueron enormes. Lo primero fue que todos sus colaboradores creían tener más preparación y condiciones que Lincoln, un tendero autodidacto en leyes y que había obtenido la victoria para su partido Republicano sólotras haberse producido una división en el rival partido Demócrata. En el gabinete de Lincoln estaban personajes como Seward, Chase, Stanton y Bates, quienes eran personalidades fuertes y ambiciosas, teniendo mala predisposición inicial contra Lincoln. El presidente supo reconocer el talento de este equipo heterogéneo y evitó la salida sencilla, que habría sido rodearse por adeptos y adulantes. Una anécdota elocuente sobre la relación entre Lincoln y su gabinete es esta:

“Cierto día un legislador indujo al presidente a darle una orden para trasladar algunos regimientos. Cuando la hubo conseguido se precipitó al ministerio de guerra y la puso en el escritorio de Stanton; éste dijo categóricamente que no haría tal cosa.

- Pero usted olvida que la orden emana del presidente – protestó el legislador.

- Si el presidente dio semejante orden, es un estúpido – replicó Stanton.

El legislador corrió en busca de Lincoln, suponiendo que montaría en cólera y exoneraría al ministro.

Pero Lincoln escuchó su relato, y dijo, con un fulgor en los ojos:

-Si Stanton dijo que soy un estúpido, debo serlo, porque casi siempre tiene razón. Iré a visitarlo y veré personalmente de qué se trata.

Así lo hizo y Stanton lo convenció de que su orden era errónea y Lincoln la retiró.

Como comprendía que a Stanton le disgustaban mucho las intromisiones, Lincoln lo dejaba habitualmente salirse con la suya.” (p. 211)

Eso sí, Lincoln podía ser también firme ante su secretario de guerra Stanton. Siguiendo a Carnegie:

“Pero, ocasionalmente, el presidente ‘se plantaba’, como decía él; y entonces… Cuidado. Si ‘El Viejo Marte’ decía que no haría tal cosa, Lincoln solía replicar muy sosegadamente:

-Creo, señor ministro, que usted tendrá  que hacerlo.” (p. 212)

Lo importante es que el chisme y la maledicencia estaban ausentes en la agenda de Lincoln y el manejo sobre su equipo. Otro ejemplo del ingenio con que manejaba este tema es esta otra anécdota ofrecida por Carnegie:

“Cuando le dijeron que Grant bebía demasiado whisky, Lincoln preguntó:

-¿De qué marca? Quiero mandarles unos cuantos barriles a algunos de mis otros generales.” (p. 250)

Esas habilidades de Lincoln para gestionar personas son recogidas en un texto actual, BUEN JEFE, MAL JEFE de Robert I. Sutton (Conecta, 2011). Allí se señala:

“De TEAM OF RIVALS: THE POLITICAL GENIUS OF ABRAHAM LINCOLN, el bestseller de la historiadora Doris Kearns, se extrae el mismo mensaje. Lincoln tuvo el valor de incluir a tres de sus opositores y detractores más duros en su gabinete tras ganar las elecciones en 1860: William Seward, Salmon Chase y Edward Bates. Kearn explica cómo se ejercitó Lincoln para atemperar sus enormes egos y fomentar el debate constructivo y la cooperación entre ellos y otros seguidores de convicciones férreas, de manera que no solo se crearan dinámicas de equipo eficaces, sino, lo que es más importante, se generaran decisiones que beneficiaran a la nación y contribuyeran a mantenerla indemne durante la guerra civil de Estados Unidos.” (p. 24-5)

Fue tan bueno en este liderazgo, que Carnegie señala:

“Finalmente, Stanton y Seward y la mayoría de los que habían empezado por denigrar y despreciar a Lincoln, aprendieron a venerarlo.

Cuando Lincoln yacía moribundo en una casa de huéspedes situada frente al Ford’sTheater, el férreo Stanton, que en cierta oportunidad lo calificara de ‘lamentable imbécil’, dijo:

-Yace aquí el más perfecto gobernante de hombres que haya visto el mundo.” (p. 212)

Lincoln es un gran ejemplo de cómo el poder puede ennoblecer a las personas. El mismo decía que el mejor termómetro para ver el carácter de un hombre era darle poder. El libro de Carnegie nos muestra como Lincoln, un hombre melancólico (“me siento tan deprimido que temo llevar en mis bolsillos un cortaplumas” – p. 60), de escaso éxito financiero en sus negocios, infeliz en su matrimonio y varias veces derrotado en política (en una ocasión por criticar vehementemente la invasión estadounidense a México), logró manejar como nadie la más terrible crisis política estadounidense, una guerra civil. Algo paralelo ocurrió con el principal militar al servicio de Lincoln, UlyssesGrant (1822-1885), comandante victorioso de la Unión y luego decimoctavo presidente de EEUU, un hombre que hasta 1861 era conocido en su población, Galena,  como ‘El Inútil’Grant(“Grant reconoció que el pecado que lo perseguía era la pereza y que nunca le había gustado estudiar”- p. 242). Si algo nos enseña la vida de estos hombres es cómo en las horas difíciles se disciplinan a sí mismos grandes hombres que en condiciones normales son maltratados por nuestra visión convencional sobre el éxito.

La vida privada de Lincoln ciertamente estuvo colmada de cierto tinte depresivo y su matrimonio, del cual Carnegie transmite una imagen de guerra campal doméstica, tampoco ayudaba. Siguiendo al autor:

“El senador Beveridge, después de haber estudiado la carrera de Lincoln, quizás más a fondo que nadie, llegó a la conclusión de que ‘la cualidad predominante en la vida de Lincoln, desde 1849 hasta el fin, fue una tristeza tan profunda que no puede ser calculada o medida por mentes normales’.

Pero el inagotable buen humor de Lincoln y su maravillosa habilidad de narrador formaban parte tan asombrosa e inseparable de su personalidad como su tristeza.” (p. 123)

Y con penetración, el mismo Carnegie comenta sobre el tema del matrimonio, hecho tras perder Lincoln a otra novia a quien sí quería realmente:

“Si Lincoln se hubiera casado con Ann Rutledge, probablemente habría sido feliz, pero no presidente. Era un hombre lento para el pensamiento y la acción y Ann no era la mujer indicada para empujarlo a destacarse en política. Pero Mary Todd, obsesionada por una eterna decisión de vivir en la Casa Blanca, apenas se casó con Lincoln lo indujo a presentarse como candidato whig al Congreso”. (p. 117)

Hay que conceder que Lincoln tampoco debió ser un marido fácil, teniendo en consideración su estilo desaliñado, su desapego por temas materiales y su trayectoria un tanto errática. MaryToddfue clarividente y supo ver en su marido potencial, prefiriéndole por sobre otros pretendientes, incluso contando ella con esa tan firme como sorprendenteconvicción de que sería Primera Dama. Uno de esos pretendientes despreciados fue Stephen A. Douglas, un sujeto mucho más atractivo que Lincoln y que fue su rival político, inicialmente exitoso. Todd debe haber captado estos rasgos superiores que tenía Lincoln:

“Douglas no tenía el menor sentido del humor. Lincoln, en cambio, era uno de los más grandes narradores de cuentos humorísticos jamás vistos.

Douglas se repetía adonde quiera que iba. Pero Lincoln meditaba sin cesar sobre su tema, al punto de declarar que le resultaba más fácil pronunciar un discurso nuevo a diario que repetir uno viejo.” (p. 142)

Las dificultades de haber nacido en un hogar humilde, perder a su madre, carecer de estudios y tener que abrirse camino en un entorno hostil,habían reforzado a Lincoln:

“El fracaso y la derrota no eran experiencias nuevas para Lincoln. Las había conocido durante toda su vida, no lo agobiaban; su fe en el triunfo final de su causa seguía siendo firme y su confianza inconmovible.” (p. 183-4)

Su afán autodidacta fue clave para que se dedicase a ejercer como juez de paz y luego como presidente:

“Lincoln había obtenido uno de los haberes más valiosos que pueda tener un hombre, aun tratándose de una educación universitaria: el amor por el conocimiento y la sed de saber.” (p. 37)

En suma, Lincoln es un arquetipo sobre cómo la democracia puede funcionar como sistema para mantenerse viva, en medio de profundas divisiones políticas y territoriales, cuando impera una sociedad civil fuerte y el respeto por la libertad. Los hombres nobles suelen ser premiados bajo la auténtica democracia y son espejo de la sociedad que gobiernan.

Su discurso de Gettysburg es una lección sobre esta ética ciudadana en tiempos turbulentos:

“Que decidamos de todo corazón que estos muertos no han muerto en vano… Que esta nación, bajo la protección de Dios, nazca nuevamente a la libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparezca de la tierra”. (p. 239)



carlosurgente@yahoo.es
Madrid, Octubre de 2012
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