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Hugo Chávez quería demostrar el martes pasado que sigue siendo la única persona que toma las decisiones importantes en su país. "Aquí tengo el informe del Banco de Venezuela", afirmó el presidente mientras aseguraba que su adquisición fortalecerá al "Estado socialista".
El líder populista reconoció que su ministro de Finanzas, que es el que está llevando las negociaciones con el Santander, le había confirmado que el acuerdo se estaba "a punto" de realizarse. Muchos respiraron tranquilos en España al comprobar por boca del propio Chávez que esta no sería otra expropiación unilateral y sin precio como las que el dirigente venezolano ha acometido en los últimos años contra las empresas multinacionales.
Pero la operación lleva "a punto" de realizarse más de dos meses, cuando el pasado 8 de agosto el presidente venezolano advirtió en Buenos Aires que su número dos, Ramón Carrizález, se había reunido con el Santander en varias ocasiones. Entonces el acuerdo parecía casi hecho.
El grupo financiero español lleva un año intentando deshacerse de sus activos en Venezuela, porque no considera que sea una región estable. Las expropiaciones en masa que ha decidido el Gobierno con la excusa de fortalecer el socialismo no parecían un buen augurio para las inversiones españolas.
"A Botín no le han compensando ni los 179 millones de euros que lograron sus negocios en Venezuela sólo durante el año pasado. Su objetivo parece claro: salir de allí cuanto antes por las expropiaciones de Chávez y, sobre todo, acelerar la marcha al máximo ahora que sabemos que el petróleo se está derrumbando y que Venezuela podría no soportar la crisis", explica un economista a Diario Exterior.
El Gobierno ha ofrecido 1.200 millones de dólares por la compra del Banco de Venezuela pero el Santander ya ha advertido que venderlo por menos de 1.800 millones le parece un acuerdo abusivo. Los analistas esperan que el monto de la operación termine encontrándose entre las dos cantidades. |