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En lo referido al país organizador, hay que reconocer que ha derrochado esfuerzos por conseguir la que cita olímpica sea un éxito. En marzo el futuro no era nada halagüeño con las protestas de Lhasa. Sin embargo, el gobierno de Pekín se comprometió a un diálogo con las autoridades tibetanas a fin de calmar y ¿solucionar? la situación.
El tiempo dirá si esa medida fue correcta o se trató de una "cortina de humo" para desviar la atención. La situación parece estar bajo control, lo que no sabemos es hasta cuándo y si una vez comenzado el espectáculo deportivo, la política reaparecerá para mezclarse con aquél.
Sería útil y conveniente que todos aquellos grupos, plataformas y organizaciones pro-derechos humanos, no aprovecharan el carácter mediático del evento para hacer llegar sus reivindicaciones, ya que entonces, su protesta tan legitima como necesaria, quedaría desnaturalizada y desvirtuada. La presencia en China durante los próximos 20 días de las principales autoridades mundiales les brinda la posibilidad de mantener reuniones mucho más productivas.
No podemos olvidar que el gobierno de Hu Jintao ha aplicado una férrea y estricta censura, en especial contra la libertad de expresión. Sus repercusiones negativas ya están apareciendo. La primera y principal, que los profesionales de la información no pueden desarrollar su trabajo en óptimas condiciones. ¿Dónde queda la promesa hecha al COI en 2001 por Pekín?, ¿qué garantía tendremos los espectadores de recibir una cobertura adecuada?
Resulta contradictorio que en el siglo XXI, cuando las nuevas tecnologías de la comunicación están en pleno apogeo, nos veamos privados de conocer aspectos relevantes de los acontecimientos deportivos. La censura no frena la ignorancia sino que al contrario, estimula las ganas por saber y conocer en el ser humano.
Por último, el atentado en la ciudad de Khasi, que se ha cobrado la vida de varios policías, invita al pesimismo en lo que a la seguridad se refiere y pone de manifiesto que cercenar libertades y derechos fundamentales no es sinónimo de éxito de una estrategia antiterrorista.
El gobierno chino era consciente de que la posibilidad de sufrir un ataque existía y para frenarlo, optó por la represión y no por el binomio investigación y prevención. Las conclusiones que se extraigan por parte de los defensores del buen funcionamiento de los Juegos no deberán ser ni radicales ni extremistas, de lo contrario, los terroristas habrán encontrado la justificación que buscan para sus macabras acciones. |