El Instituto de Investigación Económica Aplicada de Brasil ha elaborado una investigación donde se demuestra que el reparto de la riqueza brasileña no ha cambiado apenas desde el SXVIII. Aunque el bienestar de los pobres de entonces era muy inferior al de los de ahora debido al acceso a los tratamientos médicos y a la mejora de las tecnologías, el estudio pone de relevancia que se las políticas intervencionistas no ayudan a los pobres.
Una economía cerrada primero perjudica a los que menos tienen. Brasil es uno de los ocho países menos libres económicamente de América (tiene el puesto 21 de un total de 29) según el índice de la Heritage Foundation. Desde que llegó Lula al poder, en 2003, su mercado se ha ido distanciando cada vez más de los países desarrollados en lo que se refiere a la reducción de trabas al comercio.
Las medidas intervencionistas provocan, habitualmente, efectos no deseados. Los pobres, en proporción a su renta, pagan tres veces más impuestos que los ricos. Esto se da porque los tributos relacionados con el consumo son de los más altos del mundo y afectan directamente a los que más se esfuerzan por llenar la cesta de la compra.
El Instituto de Investigación Económica Aplicada, según las declaraciones de su presidente, Márcio Pochmann, ha declarado que "Estos datos demuestran…que la riqueza continúa pésimamente distribuida entre los brasileños". |