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La muerte del ex dictador Sadam Husein ha despertado debates de todo tipo y en todos los ámbitos. La forma en que el tirano fue ejecutado, deleznable como la pena de muerte misma, alcanzó para llenar largas columnas en periódicos y suplementos que prefirieron quedarse en la anécdota e ignorar el fondo de la cuestión.
El mundo globalizado ha observado las imágenes en las que el dictador muere ahorcado, invocando hasta el último segundo sus alienados principios de autoridad. Los mismos que conmocionaron y dividieron terminalmente a la sociedad iraquí. El debate estaba servido para quienes no creían en lo que veían, y pensaban que todo era un montaje de los ejecutores. Todo, en un grotesco paisaje mediático que disparó –nuevamente- la discusión sobre el destino desdichado de Husein.
Esta saturación de imágenes, opiniones e información terminó por esconder –como suele suceder- el fondo de la cuestión, y que es la liberación del pueblo iraquí de uno de sus mayores y más temibles tiranos. El anecdotario ejecutorio sirvió para aquellos que, ensalzados en discursos políticamente correctos, cuestionan el proceder la coalición occidental.
Lo que realmente debe preocupar y alimentar el ánimo indagador, es lo que ocurrirá de aquí en adelante. Cómo enfrentarán los EEUU el reto de lograr una paz aceptada en Irak, al tiempo que fortalecer poco a poco la figura de una autoridad local capaz de engendran algún atisbo de democracia.
El contexto regional y las muestras de enardecimiento de los grupos radicales agudizan una situación de por sí inestable e inéditamente violenta. Ello agravado por la indecisión que el propio gobierno norteamericano podría sufrir, si se plantea un enfrentamiento con el Congreso de mayoría demócrata. De aquí en adelante, Bush deberá pedir anuencia al Capitolio para todo movimiento de tropas o envío de material bélico al terreno del conflicto. Los demócratas aseguraron que no otorgarán a Bush un "cheque en blanco" en este sentido.
Estas son las verdaderas preocupaciones que deben interesar en torno a Irak. La forma en que la violencia cotidiana y el exacerbado fundamentalismo son mitigados y llevados a una situación de estabilidad. El medio por el que la región, e Irak en particular, alcanzan una razón de vida, alejada de la obnubilación que supone el extremismo religioso. El resto, la comidilla mediática en torno a la ejecución del dictador, servirán de comentario para quienes intentan esconder –seguidos por sus intereses ideológicos- el fondo la cuestión. |