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  Año VII / Número 2.406
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Rigoberto Stewart, presidente del Instituto para la Libertad de Costa Rica
"En Latinoamérica, el Estado se confabula contra la ciudadanía"
Los administradores públicos llegan a la casa del ciudadano y le sacan la comida de la boca y se la dan a un extranjero. Esa mentalidad de desprecio por su propia gente es la que tiene que cambiar, señaló Rigoberto Stewart, quien sostuvo que el intercambio de bienes dentro de un marco de igualdad genera un rápido proceso de crecimiento en los países.
Actualizado 28 octubre 2006  
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Rigoberto Stewart, economista e ingeniero agrónomo costarricense, presidente del Instituto para la Libertad y el Análisis de las Políticas (INLAP), estudioso de comercio como factor de crecimiento de las naciones, estuvo en nuestro país invitado por la Fundación Libertad, para exponer sobre el valor de la libertad individual y del libre comercio. En una extensa entrevista concedida a nuestro diario, sostuvo que el intercambio de bienes dentro de un marco de igualdad genera un rápido proceso de crecimiento en los países. Aseguró que en Latinoamérica el Estado se confabula contra la ciudadanía, por eso existen carteles empresariales que explotan a la gente y que América Latina, antes que avanzar, está retrocediendo. A continuación, extractos de la conversación.

- Usted acaba de presentar el libro "La magia y el misterio del comercio", donde rescata y pone en el centro de la escena el rol fundamental que tiene el intercambio de bienes en los procesos de crecimiento de las naciones. ¿Es así?

- El comercio, entendido bien, entendido como intercambio de bienes y servicios entre individuos, es el elemento básico de la interacción humana en el campo material y económico; o sea, sin eso, nosotros no estaríamos aquí, no podríamos vivir. Sin ese intercambio, el mundo no podría albergar ni al cinco por ciento de la población que tiene, no podría, porque la generación de riqueza o de sustento viene de un sistema que permite que todos los individuos que participan pongan, en función de otros, toda su capacidad, toda su inteligencia, sus habilidades; eso es lo que permite el comercio.

- Pero este comercio, este intercambio por sí, no genera riqueza. ¿Necesita un marco donde esté regulado?

- Debe ser regulado únicamente en el sentido de que las relaciones entre los individuos que participan de ese comercio tienen que ser voluntarias, porque si no, el sistema no genera riqueza; o sea que no haya el uso de la fuerza ni el engaño ni la estafa. Eso tiene que ser la regulación.

- ¿Qué papel debería jugar el Estado?

- A través de la historia, no siempre fue el Estado el que fijaba las reglas, por eso le digo que cualquier ente regulador de cualquier relación humana lo que tendría que procurar es justamente que no haya violencia ni uso de la fuerza ni engaño; nada más. No tiene que hacer absolutamente nada más porque cuando se trata de interferir con el derecho de propiedad, con el proceso o con el intercambio, lo que hace es retraer, reducir la capacidad de esa interacción para crear riqueza, o sea, va siendo negativo.

- Ese es un panorama muy teórico, muy ideal. La realidad muchas veces nos golpea con otras cosas. A ver, veamos, qué pasa cuando en un mercado pequeño, como el paraguayo, con apenas 6 millones de habitantes, empresas de un determinado rubro formal, un cartel, y castigan al usuario.

- Si yo vengo al Paraguay y veo esas características, que un grupo de empresas tienen esa posición y veo que están cobrando por un bien más de lo que cuesta en países vecinos, voy al otro lado de la frontera a comprar más barato y lo traigo acá.

- Insisto, no es tan simple; existen intereses económicos, manejos políticos...

- Quién me impide a mí cruzar a la Argentina y hacerlo, quién me lo impide. El Estado. Si yo voy con mi camión y vengo lleno de gasolina más barata, por ejemplo, cuando llego a la frontera, qué pasa. Quién me para, las compañías afectadas o el Estado.

- Nunca suele ser muy directo, pero son intereses que se materializan a través de instituciones oficiales.

- Entonces, el problema no es que existan cinco empresas o que existan carteles; el problema es que el Estado se presta para confabularse con ellos en contra de sí. Allí está el problema. Entonces, cuando usted va a hacer una nota periodística, en vez de atacar a las cinco empresas, debe quedar claro que es la corrupción en el Estado, porque si fuera solo entre ellos, y si usted pidiera cruzar la frontera y traer libremente un producto más barato, se acabaría el problema, se tendría que bajar los precios acá. Entonces, eso es lo que se tiene que atacar.

En muchos de los países que visité he visto que el Estado interviene para confabularse con un grupo y con ello reduce la capacidad de la ciudadanía para generar riquezas, porque si tuviera que gastar solo la mitad de lo que está gastando en un producto costoso por estar cartelizado, entonces, podría, con la otra mitad, solucionar otras necesidades y crearía otras demandas y otras cosas.

- Lo que necesitamos, entonces, es un Estado fuerte para crear las condiciones mínimas para todos los actores económicos.

- Fuerte y fuerte para no caer en las garras de la gente que quiere extraernos la sangre.

- Pero no es fácil porque grandes compañías vienen a países pequeños y casi siempre piden tratos preferenciales.

- Ahí es donde todo el mundo clama por el Estado. Y ahí es donde la concepción de Estado debería funcionar en pro del progreso de su gente. Dejar de hacer las cosas que hacen que su propia gente esté pobre y a expensas de otros que le puedan explotar; entonces, las gentes se vuelven fuertes, ya no son explotadas. En segundo lugar, no crear reglas de favoritismo para las empresas que llegan.

- Fácil de decir, pero cuando se trata de imponer criterios igualitarios las empresas se van.

- Pero es que, si se puede dar un trato preferencial a una compañía es porque se puede dar ese mismo trato a toda la sociedad. No es válido pagar con la plata del pueblo a una compañía para que se quede. Lo que pasa es que hay un desprecio increíble por el ciudadano. Los administradores públicos llegan a la casa del ciudadano y le sacan la comida de la boca y se la dan a un extranjero. Esa mentalidad de desprecio por su propia gente es la que tiene que cambiar.

- Eso exige una transformación cultural importante.

- Correcto y esa transformación cultural solo puede llegar si la ciudadanía entiende que vale más de lo que le han dicho que vale, y tenemos que exigir a través de los medios que existen ese respeto. Los gobernantes lo que hacen es imitar lo que pasó hace 400 años. Entonces, uno se siente como que no vale. Si entendemos que sí valemos, tenemos que ayudar a transformar la ciudadanía en general y eso va a transformar a los gobernantes.

- Se requiere también mucha responsabilidad de la dirigencia política.

- Claro. Es que allí está todo. El problema en Latinoamérica es el Estado. Y por qué es el problema, porque, en vez de entender que se tiene que crear leyes más claras para todos y velar que uno no utilice la fuerza contra otros, lo que hace es confabularse con unos contra la misma ciudadanía que debería proteger. Ese es nuestro problema, y por qué ocurre esto, ocurre porque la ciudadanía en general no entiende donde está el problema. El Estado debe crear reglas claras para todos, no puede ser que las empresas cartelizadas puedan imponer sus precios porque yo no puedo escaparme de las garras de ellas; no puede ser, no hay reglas para todos. Y las empresas se aprovechan, se enriquecen, porque ese tipo de comercio que ellas hacen es el que yo llamo de ganar-perder, cuando el comercio que realmente vale y que crea riquezas es el de ganar-ganar.

- ¿Cómo ve a Latinoamérica en este proceso, en este tipo de comercio?

- Nosotros tenemos 500 años; somos muy nuevos. Latinoamérica se fundó sobre la base de la imposición de una gente que venía saliendo de 800 años de guerra con los árabes y trasplantan todo ese odio, ese control, ese desprecio por la libertad humana; vienen y los trasplantan aquí. Aquí estamos, por eso es que existen esos tipos que llegan a la presidencia y quieren ser dueños de toda la sociedad y quieren decirle a uno hasta qué puede comer y qué puede hacer; o sea, todavía existe gente que no entiende el valor de la libertad humana y el respeto por su dignidad como seres humanos. Nosotros todavía estamos en pañales en eso.

- Estamos haciendo todavía el proceso.

- Sí, estamos 500 años atrás de esas sociedades muy avanzadas donde se ha entendido el valor del ser humano. Nosotros todavía no entendemos eso.

- Pero podemos pensar en una Latinoamérica más desarrollada, más avanzada.

- Antes que avanzar, estamos retrocediendo. Cuando yo veo los eventos de Venezuela, cuando uno ve lo que está pasando en Bolivia, es difícil creer que caminamos para adelante. Entonces, 500 años después de la conquista española, llega Evo Morales, representante de los indígenas, ve lo que pasó. Hace y dice: nosotros somos dueños de las minas, entonces, vamos a nacionalizar y ahora esto regresa adonde estaba, pero sigue siendo igual y válido que la única forma de enriquecerse uno es combinando el "know how" (saber hacer) con la mano de obra. Pero los indios siguen siendo la misma mano de obra; no tienen la educación. Ahora que están las minas, está la mano de obra, entonces, la pregunta es: ¿Qué es lo que le hace falta a Evo para poder generar riqueza en su país? La respuesta es sencilla: es ese "know how", pero en lugar de dejarles a las compañías traer esos conocimientos, se las saca del país.


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Fuente: ABC Paraguay
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