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Fundación Atlas reproduce un diálogo mantenido con el analista norteamericano sobre la actualidad
Richard Ebeling: "la globalización es un instrumento para sacar a las sociedades de la pobreza"
Los gobiernos sudamericanos deben dejar de tener déficit presupuestarios. El gobierno promete más a los votantes de lo que puede pagar con la recaudación de impuestos. Entonces imprimen dinero y piden préstamos para cubrir el déficit. Y de repente se dan cuenta que los intereses de la deuda son mayores que las ganancias de exportaciones.
Actualizado 21 octubre 2006  
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Para un liberal puro y duro como el norteamericano Richard Ebeling, los países latinoamericanos se beneficiarían con una integración comercial continental -como la propuesta en el ALCA- pero la resistencia a ese proyecto tiene una explicación: la política de Estados Unidos (EE.UU.) con "barreras proteccionistas para su industria del acero" y "subsidios especiales a sus granjeros" conspira contra el respaldo político porque incurre en una "contradicción entre la retórica y la realidad".

-Para muchos la globalización sólo sirve para agrandar más la brecha entre ricos y pobres. ¿Qué opina usted?

-La globalización es el instrumento más importante para mejorar las condiciones de los pobres. Significa más oportunidades de trabajo, la posibilidad de fabricar productos para otras partes del mundo y un ingreso por exportaciones que permite importar a precios más baratos de los que una economía doméstica podría producir. Y como mejora el ingreso de los trabajadores y la competencia internacional hace que haya productos más variados, más baratos y de mejor calidad, los asalariados compran más. Sube así el estándar de vida de todos, especialmente de los que están en los estratos más bajos.

-Los críticos de la globalización dicen que los países que más dicen impulsarla mantienen políticas proteccionistas.

-Sí, es desafortunado para los uruguayos que EE.UU. restrinja la importación libre de sus productos. Los uruguayos serían más ricos y también lo serían los estadounidenses que quisieran comprar esos bienes. Pero incluso el libre comercio unilateral permite a los uruguayos recursos para la producción y bienes de consumo para uso doméstico a mejores precios que si tuvieran sus propias barreras arancelarias recíprocamente.

-¿Podemos esperar que la globalización funcione más equilibradamente en el futuro?

-El primer país que practicó el libre comercio unilateral fue Gran Bretaña en el siglo XIX. Dispuso barreras arancelarias unilateralmente en 1840, a pesar de que Francia y otros países con los que comerciaba tenían políticas restrictivas. Eso hizo más rica a Gran Bretaña: podían comprar materias primas más baratas para su industria emergente y los consumidores británicos, la clase trabajadora, accedía a bienes de consumo más baratos, incluyendo comida. Y el verdadero éxito de Gran Bretaña al seguir esa política unilateral sirvió de ejemplo al resto del mundo en la segunda mitad del siglo XIX, que la imitó. No hay razón para que Uruguay, a pesar de ser un pequeño país, no pueda tener el mismo éxito y convertirse en un ejemplo para sus vecinos. Estados Unidos muchas veces sigue malas políticas, en contradicción con su retórica. Dice que quiere libre comercio mundial y después levanta barreras proteccionistas para su industria del acero, da subsidios especiales a sus granjeros o firma un acuerdo como el NAFTA. Y esa contradicción entre la retórica y la realidad obviamente hiere la causa del libre comercio porque sus defensores, especialmente los estadounidenses, parecen hipócritas. Pero no por ello, las ideas dejan de ser correctas.

-EE.UU. parece más preocupado por "la guerra contra el Eje del Mal que por el libre comercio. ¿Quienes se alíen con EE.UU. en esa guerra conseguirán beneficios comerciales?

-EE.UU. premiará a sus amigos y castigará a las naciones que no se alineen con su política. EE.UU. puede persuadir al mundo a seguir objetivos deseables como el libre comercio, respeto a la ley, a los derechos civiles, a la propiedad privada y al mercado, practicándolos y sirviendo como ejemplo de un sistema exitoso que los países del mundo, libremente, según su voluntad, pueden imitar. Cuando las cosas se hacen bajo amenaza, se crea resentimiento y no convencimiento.

-¿Qué opina del ALCA?

-Un régimen de libre comercio le quita poder político a los gobiernos. El gobierno no dirige más a los ciudadanos a través de subsidios o del control del flujo de importaciones y exportaciones. El gobierno no trata de influir la dirección y la forma de importaciones y exportaciones a través de barreras arancelarias. Esto saca a la política del mercado. Todo lo que baja las barreras comerciales le da a la gente más opciones y más control sobre su vida. Si EE.UU. y América Latina pudieran tener un área de libre comercio verdadera y luego la extendieran al resto del mundo, todos se beneficiarían.

-¿América Latina está preparada para negociar con EE.UU.?

-Hay tramas de intereses especiales que temen perder privilegios, favores y protección, que no quieren enfrentarse a la competencia que el libre comercio supone. El propósito de la competencia es hacer que cada actor del mercado juegue lo mejor que pueda. El propósito de la producción es el consumo. Uno trabaja para cosechar los frutos de su tarea. Por lo tanto, queremos que la producción sea lo más eficiente, lo más abundante y lo menos costosa posible. La política económica debería estar para servir el interés general, de todos nosotros como consumidores, no para beneficiar a los productores a expensas del resto de nosotros.

-Muchos cuestionan el ingreso al mercado de productos importados que compiten deslealmente con los nacionales y terminan generando desempleo, porque los costos laborales son mucho más elevados en Uruguay que en los países de origen de esos productos.

-Para pagar las importaciones se debe exportar. No se puede importar productos chinos de bajo precio, por ejemplo, a no ser que se exporte el equivalente en moneda extranjera con lo que pagan por eso. Eso quiere decir que uno encuentra un nicho para exportar a China o uno tiene que encontrar nichos en la división internacional del trabajo para vender en Europa, en EE.UU. o en otras parte de Asia para conseguir las divisas para pagar las importaciones chinas. No se puede importar a no ser que se exporte; no se puede consumir si no se tiene un ingreso. La impresión es que el mercado se verá inundado de bienes chinos y todos nos quedaremos sin trabajo, pero entonces, ¿cómo pagaremos por esos productos chinos?

-El proteccionismo de muchos países restringe la exportación de productos nacionales y el mercado se llena de productos chinos baratos: puede usted imaginar el alcance de las críticas a la globalización.

-Entiendo. Pero supongamos que en lugar de comprar un bien de consumo uruguayo a cuatro dólares, se puede comprar la versión china a dos dólares. Así el consumidor uruguayo habrá ahorrado dos dólares, que podrá gastar en más productos o servicios uruguayos, lo cual incentiva el empleo local, o puede gastarlos en otro producto extranjero. Pero de nuevo, Uruguay no puede importar ese producto si no exporta.

-Como experto en temas monetarios, ¿cuál cree que es la mejor política?

-Los gobiernos sudamericanos deben dejar de tener déficit presupuestarios. El gobierno promete más a los votantes de lo que puede pagar con la recaudación de impuestos. Entonces imprimen dinero y piden préstamos para cubrir el déficit. Y de repente se dan cuenta que los intereses de la deuda son mayores que las ganancias de exportaciones.

-¿Por qué cree que los gobiernos siguen gastando y poniendo impuestos?

-En nombre del interés general, la propiedad privada puede ser confiscada por el gobierno. Pero es tanto un derecho humano la libertad de expresión como la libertad de tomar decisiones en el mercado. El derecho a la propiedad de un individuo (que es el derecho de un ser humano sobre su casa, su negocio, sus bienes adquiridos en el intercambio del mercado) se asegura constitucionalmente excepto cuando el interés general prevalece. ¿Y quién interpreta el interés general? El gobierno. Y el gobierno está lleno de gente que quiere ser reelecta y ofrece cualquier cosa a la mayoría a costo de quien sea. Las libertades económicas y las libertades civiles no se pueden distinguir, van de la mano.

El interés general puede tener solamente un significado: cuando cada individuo sea protegido y respetado en su vida, en su libertad y en su propiedad. Así como la Constitución de EE.UU. establece en su primera enmienda la libertad de expresión, debería haber una enmienda que diga que el Congreso no puede aprobar ninguna ley que prive a los individuos del uso pacífico de su propiedad y del intercambio libre de bienes. Debe separarse gobierno de economía, de la misma manera que se separa el gobierno de la religión.

-Pero los votantes pueden castigar a los gobiernos que no respetan la propiedad privada.

-Por supuesto. Pero el problema es que, sean más de izquierda o de derecha, todos los gobiernos terminan siguiendo la misma política. Forman coaliciones de intereses de diferentes sectores de la economía, a los que prometen hacer cosas a expensas del resto y a cambio de apoyo financiero y votos. Es un sistema de saqueo de la mayoría al resto de la sociedad. Supongamos que yo considero que económicamente estoy peor que usted y le voy a sacar dinero de su cartera. Usted no sólo lo consideraría un gesto arrogante y arbitrario de mi parte, sino un robo. ¿Y si pido ayuda a la gente que está acá, para sacarle su dinero? ¿Por qué es menos robo si la decisión no la tomo yo sino un grupo electo por una mayoría? Piense en la situación en Argentina: antes del corralito. ¿No es eso robo? Ahora bien, ¿por qué lo hacen? Porque el gobierno pidió préstamos, arruinó el crédito internacional y no cumplió los pagos de intereses. Y por ese error le roban aún más a la gente. ¡Si yo le hiciera eso usted me llamaría ladrón!

-¿Por qué cree que la gente no se subleva?

-Quizás no es la analogía perfecta ... pero piense en la esposa que tiene un marido que le pega y aunque sus amigas le dicen que lo deje, ella sigue con él. Psicológicamente es tan dependiente de ese hombre que no importa cuán abusivo y peligroso sea, no lo puede dejar. Así es la gente con el gobierno. ´Sé que me roban, me llenan de impuestos, me regulan, me quitan oportunidades y me mienten, pero ...´. Hay que cambiar drásticamente el sistema y mantener el gobierno a rienda corta para que no haga estas cosas. Es una dependencia psicológica insalubre.

-La mayoría no piensa como usted.

-A pesar de la caída de la Unión Soviética y el fracaso del socialismo como un sistema económico, el socialismo todavía domina el pensamiento de virtualmente todos. La gente todavía cree que el capitalismo libre y desregulado significa explotación de los trabajadores, monopolio, individualismo sobre el interés común, desigualdad de riqueza e injusticia. Este fantasma todavía domina el mundo. Aunque el socialismo no funcione, la gente no está lista para aceptar la única alternativa razonable -para mí, la economía libre- porque la crítica marxista al capitalismo todavía domina su pensamiento. Cambiar esto requiere un largo proceso educativo. La libertad requiere un elemento psicológico importante: que uno tiene que hacerse responsable de sus actos, no sólo cuando las cosas andan bien sino cuando andan mal. Esa es la barrera principal para que la gente acepte una sociedad de libertad: la voluntad de hacerse responsable de sus actos.

-¿Se siente minoría?

-Sí; es un problema internacional. Las revoluciones intelectuales requieren esfuerzo y confianza en lo que se cree. Es un tema de tiempo. En el siglo XX probamos toda ideología imaginable: socialismo, comunismo, fascismo, nazismo, nacionalismo, Estado de bienestar intervencionista y, de una forma u otra, todos fracasaron en ofrecer sociedades libres que no terminaran en tiranías o corrupción política. No hay ninguna alternativa posible, excepto el liberalismo.

Fuente: Fundación Atlas (Argentina)
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