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El Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia que estamos construyendo entre todos los estados miembros, será, como ya hemos dicho, uno de los elementos centrales de nuestra estrategia contra el terror. La coordinación de nuestras políticas de seguridad nacional, es un paso positivo hacia delante pero insuficiente. España entiende, quizá como nadie, la peligrosidad de estas lacras, y por ello se empeñó y logró que EUROPOL tuviese competencias en materia de lucha contra el terrorismo.
La OTAN es un símbolo e instrumento de la voluntad de dotarnos de un sistema de defensa colectivo cuyas bases no podían ser otras que la defensa de los principios democráticos sobre los que se asientan sus estados miembros. La Alianza Atlántica es también una expresión de la fortaleza del vínculo trasatlántico, que ni ha sido, ni es, ni será incompatible con nuestra vocación europea. El objetivo ha de ser hacer de Europa un actor muy relevante de la escena mundial. Pero corremos el riesgo de convertir a un elemento de estabilidad en otro de inestabilidad e incertidumbre, si vencen los que pretenden convertir a Europa en el principal contrapeso de los Estados Unidos, puesto que eso acabaría provocando un mundo mini-multipolar, en el que lejos de lograr una mayor estabilidad, generaríamos nuevas y graves tensiones, y lo que es más triste es que éstas se producirían entre democracias.
El multilateralismo, y la cooperación deben presidir todas nuestras acciones en este terreno, pero desde la generosidad, la altura de miras y un sentido de perspectiva histórica. La obsesión por la multipolaridad no nos puede hacer caer en la ingenuidad de pensar que todos los males del planeta se deben la existencia de una sola hiperpotencia, y a la ausencia de elementos de equilibrio en las relaciones internacionales. No conviene olvidar que existen varios actores en la escena internacional que por su importancia y peso en diferentes ámbitos, han sido y siguen siendo, factores esenciales de equilibrio y estabilidad. China y Rusia siguen siendo importantes potencias militares. China y la India son las primeras potencias demográficas. Europa es la primera potencia económica y comercial del mundo y Japón la segunda. Nuestro continente es, además, un referente cultural mundial. Y a mayor abundamiento es preciso subrayar que existe un número creciente de actores regionales cuya importancia subirá muchos enteros a lo largo de los próximos 50 años. En este sentido Australia, Sudáfrica, Brasil o México, estarán llamados a ocupar un papel de creciente importancia en el futuro.
Algunos gobiernos se han empeñado en hacer análisis puramente operativos o centrarlos exclusivamente en el ámbito de la seguridad, cuando en realidad muchos de los problemas a los que nos enfrentamos son multidimensionales y están profundamente influidos por ideologías radicales y fanáticas que alimentan la violencia y el terrorismo inundando los ánimos y promoviendo el odio. Ignorar que estas ideologías son las que sirven de combustible a buena parte de estas inestabilidades, es tanto como atacar las consecuencias y no sus causas o tratar de combatir enfermedades crónicas con analgésicos. Las convulsiones políticas, sociales o económicas, son realidades interdependientes, lo que significa que si se produce una crisis suficientemente profunda en cualquiera de esos ámbitos, se reflejará necesariamente en los otros dos. El análisis de las causas del terrorismo, la violencia, la inestabilidad, deben tener muy en cuenta estas fracturas.
Todo análisis político, especialmente si lo hace un político, tiene que proponer soluciones, debe comprometerse, desde la prudencia y desde el rigor, pero debe proponer recetas y sus fórmulas de aplicación.
Las amenazas que se ciernen sobre nosotros, son realidades complejas y poliédricas por lo que requieren, necesariamente, de una aproximación analítica minuciosa y de una estrategia multidimensional, que actúe de forma simultánea sobre el foco de riesgo, y no de forma lineal y sucesiva. Muchas veces la simplificación del mensaje puede llevar a la simplificación del diagnóstico y en consecuencia, a la elección de una estrategia y de unos medios insuficientes o inadecuados al fin que perseguimos.
La dimensión de seguridad no puede ser olvidada en una lucha de esta naturaleza desde el punto de vista reactivo. Las Fuerzas de Seguridad deben poder anticiparse a la actuación de células y comandos y evitar así muchos muertos. Es imposible concebir el éxito en la estrategia multidimensional si su dimensión de seguridad no está bien diseñada. La ejemplar labor que desempeñan La Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía, ponen de manifiesto que unas Fuerzas de Seguridad democráticas pueden poner contra las cuerdas a una organización terrorista como ETA. Sin la dimensión de seguridad no hay derrota posible del terrorismo.
Esta estrategia tiene además una dimensión Judicial, puesto que en un Estado de Derecho la Independencia del Poder Judicial y su protagonismo en la lucha contra las nuevas amenazas no puede ser minimizado. El compromiso del Poder Judicial independiente en la lucha contra el terrorismo y otras formas graves de violencia es insustituible.
Los consensos políticos son esenciales en democracia para lograr el máximo apoyo de todos los sectores democráticos, y que todos los ciudadanos y sus representantes políticos, no sólo se sientan implicados en esta trascendental tarea, sino que además, se sientan protagonistas. En este sentido el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo, puede ser calificado sin rubor de victoria democrática de una sociedad amante de la libertad como la nuestra. El terreno del consenso y del acuerdo político en esta materia, sigue siendo una asignatura pendiente en algunas sociedades, y en algunos países que no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre qué debe ser calificado de terrorismo y a quiénes se puede definir como terroristas.
La dimensión legal, es decir promover las necesarias reformas legales, es uno de los puntos más importantes en un Estado de Derecho, puesto que las leyes son una de las armas más importantes de un sistema democrático. España ha sabido ser pionera en el mundo de la lucha democrática contra el terrorismo, y como el propio Secretario General de Naciones Unidas, Koffi Anan, reconoció no hace mucho tiempo, nuestro país es ejemplar en ese terreno. El Gobierno de España ha venido realizando trascendentales reformas legales que han dotado a las Fuerzas de Seguridad y al Poder Judicial independiente, de los instrumentos y armas democráticas que les permiten luchar eficazmente contra el terrorismo y el crimen organizado desde el pleno respeto de los derechos y libertades fundamentales de todos los ciudadanos, incluido los terroristas.
La Cooperación Internacional en la lucha contra el terrorismo ha sido calificada de prioritaria por este Gobierno. Conviene subrayar que la diplomacia de la seguridad, aunque no sea nueva, recibió un impulso fundamental a partir de 1996. Todos los Ministros del Interior del Gobierno del PP, Jaime Mayor Oreja, Mariano Rajoy y Ángel Acebes, han hecho de esta Diplomacia de la Seguridad una de sus máximas prioridades políticas.
Pero es importante diferenciar los tres ámbitos fundamentales de actuación en la cooperación internacional. El bilateral, que ha demostrado ser insustituible, y que ha permitido que las relaciones de seguridad de España se avanzasen y se consolidasen extraordinariamente con países fundamentales para nosotros como Francia – cuya ejemplar cooperación con España es preciso agradecer y destacar - Italia, Bélgica, Portugal el Reino Unido, Alemania, México, Argentina, Uruguay o, entre otros, los Estados Unidos. |