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Lunes, 28 de julio de 2014 |
  Año 11 / Número 3.830                Editor: Pablo Izquierdo Juárez
  
PABLO IZQUIERDO

Política Exterior de España en América Latina
"...nuestro peso en Europa depende, y mucho, de nuestro liderazgo en América Latina. Otros ocuparán los espacios que vayamos dejando. Nuestro liderazgo iberoamericano es consecuencia tambien de nuestro peso en Europa y de como hacemos en España los deberes, sobre todo en política económica."
Actualizado 29 noviembre 2011  
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Pablo Izquierdo   

Han saltado las alarmas en España. La XXI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se reunió en Paraguay a finales del pasado mes Octubre y se registraron muchas ausencias. Once paises de los veintidos, por unas y otras causas, declinaron participar.

Entre ellos, fueron notorias las ausencias de Brasil, Argentina, Uruguay (Mercosur) y también Colombia. La prensa latinoamericana y española registró el asunto con gruesos titulares. El influyente diario EL PAIS, de Madrid, sentenciaba en negros caracteres: "America Latina da la espalda a Europa".

El titular se justificaba con razones que hablan de la crisis europea o la creciente influencia en la Región del gigante chino y el sudeste Asiático. Argumentos que nos presta la economía y que están ahí para no despreciarlos, pero también hay otros que tienen que ver con la política y más concretamente con la política exterior que España viene desplegando en los últimos ocho años en América Latina.

Seamos claros: el fracaso en la convocatoria de la cumbre de Asunción responde directamente al fracaso de la política exterior española en Iberoamérica, a su manera de manejar la Secretaria General Iberoamericana, a su deriva burocrática llena de "buenas intenciones", infinita retórica y excaso seguimiento de sus pomposos programas de cooperación que, además, compiten directamente con la propia cooperación española bilateral o multilateral. Parece muy fuerte pero quizá un titular más ajustado a la realidad hubiera sido: América Latina dió la espalda a España. Al eventual gobierno de España, se entiende.

21 años de Cumbres

Nacieron las cumbres iberoamericanas en 1991 en Guadalajara, México. El presidente del gobierno español era Felipe González y los expertos de entonces adjetivaban el evento pensando en la oportunidad que suponia el haber inventado un nuevo "sistema" para la diplomacia multilateral. Aunque el gobierno de González en esos años daba ya síntomas de declive en lo político y en lo económico, España cosechaba los réditos de su transición a la democracia, su incorporación a Europa y se presentaba como espejo en el que se miraban las democracias latinoamericanas.

Estábamos en el preludio de los fastos del V Centenario del Descubrimiento de América. Un evento que se había planteado para remover las viejas formas de relación en lo político, en lo social, en lo cultural y en lo económico de una renovada "Madre Patria" (como todavía por allí algunos la llaman) , con sus antiguos virreinatos, regiones, territorios, provincias o colonias de ultramar como al final y a la postre quedó. Término este, "colonias", que es consecuencia de una historia mal contada en  libros de texto escolares, financiados con generosidad por fondos públicos españoles y a negocios editoriales igualmente peninsulares.

El sistema de Cumbres Iberoamericanas alcanzó su apogeo con el gobierno de Aznar. José María Aznar recuperaba a España de una crisis económica tremebunda; España se situaba entre los grandes de Europa y se atrevía a liderar sin complejos un proyecto político iberoamericano enfrentado al cáncer totalitario de la dictadura cubana y su influencia en la Región. Se creó una Secretaría General Permanente con sede en Madrid y se le dió el protagonismo a México. Al ex presidente de Brasil, Fernando Enrique Cardozo, se le encargó un documento que pretendía encontrar para las Cumbres escaparate político y voz propia en el complejo entramado de las relaciones internacionales.

La política iberoamericana de los gobiernos de Aznar fue incluso más intensa que la anterior y mas eficiente, pero nada destruyó Aznar de cuanto de positivo heredó del gobierno de Felipe González. Sin embargo, la llegada al poder de Rodríguez Zapatero vino a suponer una inflexión dramática en ese decidido apoyo de España al fortalecimiento de las democracias latinoamericanas. Una apuesta que antes nunca estuvo reñida con la proverbial neutralidad ideológica frente a gobiernos que fueran legítimos y democráticos. España daba aire a una Cuba que languidecía aislada del concierto internacional y se ahogaba en el fracasado y totalitario régimen de los hermanos Castro o miraba para otro lado y apoyaba, con fondos numerosos, el avance de un "socialismo del siglo XXI" que ya lideraba Hugo Chávez en Venezuela y que pronto se vió, pretendía sustituir democracias por reinventadas dictaduras.

La colonización ideológica.

Lo anterior, naturalmente, puede no compartirse y emerita numerosos matices. Pero a estas alturas es dificil, en sus efectos prácticos, negar la decreciente presencia e influencia de la política exterior española en Iberoamerica. Prueba es lo que sucede hoy con las Cumbres Iberoamericanas, que siempre han dependido del liderazgo español.

Se podrán esgrimir causas políticas y económicas. Ya lo de "la crisis" sirve para todo en Europa. Pero incluso la crisis tiene causas propias imposibles de ver para el político cegado. En mi opinión una es lo extraordinariamente mal que se ha gestionado la economía, la icompetencia, y otra, ciertamente sutil, a veces inapreciable pero pertinaz, es la tentación mesiánica de imponer desde el poder a costa de lo que sea la ideología propia (sea cual fuere) y el aplastamiento del contrario. Algo de eso sucedió en los últimos años de la España de Felipe González y el resultado hacia dentro, en general, fue la crisis económica, la corrupción, el descrédito institucional y el paro (es lo mismo que decir pobreza). En 1995 ya se veía que todo esto iba a lastrar el prestigio de la política exterior española. Sucede ahora lo mismo con la España de un Zapatero recién desalojado del poder.

A Aznar intentaron situarle en el extremismo ideologíco del neoliberalismo o en las filas de los entonces rutilantes neocons, pero su política exterior e interior, aunque tenía ideas propias, no fue sectaria en lo ideológico. La firme posición de España en Europa y su decidida y tambien muy firme apuesta por las repúblicas americanas y sus democracias nunca chocó con una diplomacia prudente, práctica e inteligente. Muchos diplomáticos profesionales españoles, de signo bien contrario, así lo reconocen. Los resultados de su gobierno en 2004 eran los de la prosperidad, la serenidad institucional, el empleo y un notable prestigio exterior. Podrán perseguirle siempre sus detractores por la famosa guerra de Irak, en la que nunca tiró una bomba y se limitó -como ha explicado- a responder a la petición de ayuda de un amigo de España, nada menos que la primera potencia mundial, al que queriamos a nuestro lado contra el terrorismo propio de ETA. Pertinente es recordar esto ahora.

Zapatero y sus gobiernos recuperaron con "decisión juvenil" la misión de imponernos a todos, los de dentro y los de fuera, la carga ideológica de un socialismo que miraba al pasado de fraticidas guerras y  reinventaba tópicos igualitaristas ajenos a las reflexiones que la socialdemocracia experimentaba en Europa, en el Reino Unido o en Suecia. Donde se discutía el agobiante papel del Estado en la sociedad y se habrian cauces a la competencia incluso dentro del sector público para salvar ese Estado del Bienestar logrado y en evidente peligro. Durante los primeros años vivió de la herencia y prestigio de gobiernos anteriores pero ya en política exterior se determinó a ponernos al lado de experimentos que pretendian "nuevas" democracias o predicaban alternativas vacias para un nuevo orden mundial más justo y solidario. Sonaba "bonito" pero en realidad era lo de siempre: la ideología al servicio de los intereses propios del poder propio. Esa manera de hacer política trae invariablemente como resultado la crisis, la división, la fractura institucional y la pobreza. En el caso de España los terrorificos datos de desempleo y paro, históricos, son prueba suficiente.

El invento no funciona.

Lo primero que hay que constatar es que el fracaso de esta convocatoria iberoamericana, que ya se venía barruntando desde Chile en 2007, es sin paliativos un fracaso de la política exterior española pues es a España a quien principalmente le interesan las Cumbres. No debemos olvidar también que el interés de AL por España es directamente proporcional a nuestro peso en Europa y esto hoy, desgraciadamente, es infinitamente mejorable.

Es particularmente grave la deserción de Brasil más allá del desapego continuado de Argentina, la ausencia de Colombia y casi en pleno de Centroamerica y el Caribe. Algo habrá que hacer con la política exterior española para que la XXII Cumbre en Cádiz no certifique su definitivo entierro. Habrá que repensar las funciones y el aparataje burocrático de esa oficina iberoamericana de la que han sido expulsados los diplomáticos profesionales y hasta los políticos de prestigio. Habrá que repensar incluso el modelo y en mi opinión darle al sistema el peso político que merece y que sin duda no tiene ahora.

Repensar el modelo puede suponer incluso refundar las Cumbres, sabiendo que es imposible competir con la marea de siglas que inudan América Latina y el mundo, y atienden a tantos intereses cruzados y complejos. Dicen algunos expertos, con animoso y constructivo criterio, que el problema estaría en la retórica de las declaraciones y el escaso seguimiento de los programas anunciados a bombo y platillo y que, por otro lado, eso también le pasa incluso al G-8 o al G-20. Quizá las Cumbres y su oficina permanente no debieran dedicarse más a lo que otros ya hacen con más medios e insistencia secular. No digo que lo hagan mejor y ni si quiera que lo hagan bien pero ya lo hacen y seguirán en ello por mucho tiempo.

Europa no crece y América Latina crecía a un promedio del 6 % en 2010, pero este dato, que tiene su complejidad, alertas e interrogantes, no es causa directa del fracaso de la Cumbre. El problema es que ya no sabemos que significan las Cumbres Iberoamericanas y para que han de servir. El economista uruguayo Enrique Iglesias declaraba optimista ante empresarios que por vez primera "AL no es parte del problema, sino de la solución". Hablaba de la crisis global pero certificaba que en la Cumbre hay dos bloques, el europeo y el latinoamericano. Desde otro punto de vista se enfrentaba el presidente de Bolivia a la cuestión cuando afirmaba sentirse contento al participar en un encuentro "especial" entre "colonizadores y colonizados". Iglesias y Morales han expresado, sin querer y desde opticas distintas, el fracaso de un sistema de Cumbres que nació con la vocación de buscar un solo bloque y no para enfrentarse al resto del mundo con ánimo excluyente sino para defender mejor los intereses de todos y para profundizar y fortalecer ese espacio común. Un espacio común determinado por la historia, la lengua y la cultura, que era preexistente a las propias Cumbres y que nos daba a todos tantas oportunidades. Parece retórica pero no lo es. El espacio iberoamericano (que incluye a América Latina, España y Portugal) forma parte por derecho propio de lo que llamamos Occidente, un espacio de amplios límites geográficos que tambien integran el conjunto de Europa, Estados Unidos, el Reino Unido y tantos paises de influencia británica y europea. Que duda cabe que la seña de identidad de Occidente es la Democracia y el Estado de Derecho.

En España debemos saber que nuestro peso en Europa depende, y mucho, de nuestro liderazgo en América Latina. Otros ocuparán los espacios que vayamos dejando. Nuestro liderazgo iberoamericano es consecuencia tambien de nuestro peso en Europa y de como hacemos en España los deberes, sobre todo en política económica. Así están las cosas. Las Cumbres Iberoamericanas tienen sentido pero hay que repensar su misión y objetivos, hay que profundizar y trabajar en lo que nos es común y para fortalecer el Estado de Derecho y la Democracia.

Al tiempo del evento iberoamericano se reunieron en Australia los 54 paises que integran la Commonwealth. Los 16 que tienen a la reina de Inglaterra como Jefe de Estado acordaron suprimir la ascendencia del varón sobre la mujer al trono de Inglaterra, también que el rey o reina consorte pueda practicar la religión de su elección, incluso la católica. Con envidia leo que aún no están todos de acuerdo en crear una comisión para la Democracia, los Derechos Humanos y la vigilancia del Estado de Derecho en el seno del grupo y que han adoptado un nuevo Estatuto que promulgarán en 2012. Con envidia leo que Fiji, gobernada por una junta militar desde 2006 fue suspendida por retrasar las elecciones democráticas y que Zimbabue abandononó el bloque despues de su suspensión. Imagino que sería de nuestras Cumbres si pertenecer a ellas fuera un mérito y privilegio democrático o, mirando al futuro, si a las mismas acabaran de incorporarse todos los que en el mundo hablan lengua española y portuguesa. Un dato para la reflexión: En Estados Unidos hay más personas que hablan español que en la propia España.

España cambia el rumbo

El 20 de noviembre hubo elecciones en España. El gobierno de Zapatero ha sufrido una estrepitosa derrota y Mariano Rajoy será el próximo presidente de España. Recibe una herencia económica interna tremendamente negativa en un contexto de crisis europea muy preocupante. Su prioridad será la recuperación y para ello España debe cumplir sus compromisos con Europa e intentar estar de nuevo entre los paises europeos que toman las decisiones. Es probable que Europa tenga incluso que repensar su unión política y monetaria, pero en España no hay dudas; Estar en el euro y estar bien vuelve a ser de nuevo el principal objetivo nacional. Para América Latina la determinación europea de España es fundamental si es que América Latina y España quieren estar y ser parte de Occidente. Es en esto donde el sistema de cumbres iberoamericanas, elemento muy importante de la política exterior española en AL,  alcanza todo su sentido.

Mariano Rajoy ha escrito: "Siendo Iberoamérica parte de Occidente, compartimos una visión del mundo que nos ha de llevar a desarrollar posiciones comunes para afrontar los distintos retos de la escena internacional. Debemos utilizar con este objetivo las Cumbres Iberoamericanas y las Cumbres UE-América Latina y Caribe, espacios institucionalizados de diálogo y concertación. Por otra parte, el compromiso de España y de la UE con los derechos fundamentales, las libertades y la democracia debe ocupar un lugar destacado en nuestras relaciones regionales y bilaterales con los países latinoamericanos.".
 
América Latina puede esperar un cambio, a mejor, de la política exterior de España.

Miguel Ángel Blanco

Miguel Ángel Blanco nos recordará siempre la verdadera cara de ETA y la de todos sus amigos

La banda terrorista ETA secuestró el 10 de Julio de 1997 al joven concejal del Partido Popular en Ermua, Miguel Ángel Blanco. Dieron los criminales al gobierno de José María Aznar plazo y condiciones para no “ejecutarle”. El 12 de Julio, de rodillas, por la espalda y amordazado le asestaron un tiro en la nuca. Poco después, en la madrugada del día 13, Miguel Ángel Blanco fallecía.
 
Lo mejor que podemos hacer todos los españoles de bien es no olvidarlo. No lo hace el Ayuntamiento de Ermua cuyas fiestas patronales, desde entonces y hace ya 14 años, se retrasan al 14 de Julio y sus banderas (la española incluida) son arriadas a media asta. No he visto el duelo de Ermua por el resto de España.
 
Deberían hacer lo mismo todos los Ayuntamientos de España, las diputaciones, los palacios y asambleas regionales, el palacio de la Moncloa y los miles de edificios del gobierno que ostentan banderas y también esa enorme de la plaza de Colón en Madrid y, por supuesto, la del Congreso de los Diputados donde reside la soberanía nacional.
 
Hace 14 años España entera se estremecía de norte a sur y de este a oeste y el mundo, atónito, asistía perplejo a la demostración más impresionante en la historia de España del pulso, la fuerza y la pasión de un país unido frente a los bastardos enemigos de su libertad y su democracia. Otra cosa no es ETA o Bildu que ha venido después a enterrar la verdad de sus crímenes. No deberíamos olvidar tan pronto los españoles. Miguel Ángel Blanco nos recordará siempre la verdadera cara de ETA y la de todos sus amigos.


Estupidez política generalizada

Mauricio Rojas, chileno que fuera de izquierdas y damnificado de Pinochet, emigrado a Suecia y diputado liberal en el nórdico país, hoy vecino de Madrid, piensa que España está empantanada

El CIS ha divulgado su último barómetro. Avanza y crece la percepción en los españoles de los políticos como un problema; siguen recurrentes el paro y la economía como primer y segundo problema. Además, el escándalo de la SGAE aumenta como bola de nieve y amenaza con dejar al aire el trasero de los niños bonitos de la progresía adinerada, músicos y cineastas del Nunca Mais y el No a la guerra, privilegiados con las subvenciones públicas y el dinero de todos; estandartes de campañas electorales y cómplices silentes de dictadores tropicales. No aparecen estos en las percepciones de corrupción generalizada protegidos, como están siempre, por el oficialismo mediático. Los Ministros y ministras de la SGAE callan. Unos piden impuestos, otros no. Unos acusan a los bancos y otros no tanto. Andan desparramados por la geografía patria haciendo declaraciones sin coordinación alguna.
 
Mientras, en España, embobados en los viejos problemas, la gente perfila apretadas vacaciones y Mauricio Rojas, chileno que fuera de izquierdas y damnificado de Pinochet, emigrado a Suecia y diputado liberal en el nórdico país, hoy vecino de Madrid, piensa que España está empantanada. Reflexiona sobre nuestro renqueante estado del bienestar y las perversidades del Estado subvencionador y planificador de todo, injusto y perverso a la postre con los que menos recursos tienen, que son la mayoría. Nos recuerda que Suecia ya quebró en los 90 y que socialdemócratas y conservadores suecos fueron capaces de reformar un estado inviable. Allí entendieron que devolverles a los ciudadanos su dinero y dejarles elegir sanidad y educación, por ejemplo, generaba competencia, concurrencia, innovación, creatividad, modernidad en definitiva. No es imposible, dice Rojas, otros lo hicieron y nadie dirá que Suecia no es un país con una extraordinaria conciencia social y de solidaridad, pero advierte: España está presa de una “estupidez política generalizada” y nuestra izquierda es la más vieja y caduca del continente y, quizá, del mundo entero.


Campus e Ideas

Caldera ha de envidiar, a buen seguro, el programa del Campus Faes 2011

Llega el verano y las universidades o potentes fundaciones políticas acogen entusiastas a los rectores de la economía y la política. Por todo el país se suceden los cursos y nos visitan mujeres y hombres con ideas en la cabeza. Hablan de la crisis, manejan indicadores, aventuran recetas, sentencian fórmulas y expresan opiniones que en no pocos casos alcanzan titulares en la prensa para desgracia de algunos ministros “salientes” relajados por el ambiente estudiantil. 
 
Hace ya muchos años que la fundación del Partido Popular, la fundación FAES, fabrica ideas y propuestas de políticas públicas. Presidida por José María Aznar atesora ya ingentes aportaciones al pensamiento y la política. Escuché en una ocasión decir a Jesús Caldera, ex ministro socialista con Zapatero y responsable de su programa electoral en 2004 y 2008 y ahora, también, coordinador de lo mismo para Pérez Rubalcaba, que FAES funcionaba muy bien. El propio Caldera ha sido participante discreto de los internos y tan eficaces seminarios de Faes. Caldera creó y dirige una fundación socialista de nuevo cuño, la Fundación Ideas, que intenta emular los éxitos de la popular FAES y se pelea amistosamente con el numeroso y bien nutrido universo de fundaciones adscritas al partido socialista español.
 
Buena cosa esta de fabricar ideas. Caldera ha de envidiar, a buen seguro, el programa del Campus Faes 2011 y el notable elenco de participantes. No quedarán apenas temas por tocar de los que hoy interesan a la agenda global y a la española. Incluso en Navacerrada incursionarán en la crisis de la socialdemocracia y en las respuestas que la izquierda no puede dar. Estará Caldera atento a las disertaciones del Campus para organizar el esquema del casi imposible programa de Rubalcaba y esas “ideas” nuevas  que en septiembre, al parecer, quieren estrenar.


El debate en las bancadas

me parece hasta saludable que un diputado se acalore ante los argumentos y lance su aserto al aire del hemiciclo

"El debate, salpicado de murmullos, aplausos y aspavientos". No es un titular muy afortunado. "Murmullos, aspavientos, llamadas de atención del presidente del Congreso, José Bono, e incluso guerra de aplausos han sido protagonistas del duelo parlamentario", escribía el cronista. Son epítetos negativos elevados a un protagonismo que, en mi opinión, nada tienen que ver con lo que pude observar en el debate sobre el estado de la Nación. Mejor dicho: son anécdotas normales que se producen en cualquier parlamento democrático y que habitualmente son desechadas, por insignificantes, en el análisis parlamentario.

Cuesta un poco entender, aún en España, que lo normal es la discrepancia o el apoyo fervoroso al jefe de filas mediante el aplauso o los sonoros "muy bien", "bien dicho", "si señor" o el castizo "¡torero, torero!". También es verdad que el actual presidente del Congreso, el señor Bono, dicho con todo el respeto, magnifica el incidente repartiendo regañinas innecesarias, pues en ningún momento pude yo ver a nadie impedir el normal desarrollo del debate. Cómo se añora, en la carrera de San Jerónimo, al presidente Félix Pons.

No seré yo quien censure la imaginación literaria de algunos pero me apena que,  sin querer o queriendo, den del Parlamento esa imagen; cuando me parece hasta saludable que un diputado se acalore ante los argumentos y lance su aserto al aire del hemiciclo. Algunos a lo mejor prefieren los acompasados aplausos de las olvidadas Asambleas Populares que hoy perduran, como un mal sueño, en la Cuba de los hermanos Castro y la Corea del Norte.

He visto yo un normal comportamiento democrático en los escaños. He visto al grupo de la mayoría apoyar a un presidente en forzada prórroga y a todos pendientes de la fecha electoral. He visto a los más forofos jalear las veladas descalificaciones personales de Zapatero a Rajoy y el atisbo de insultos producto de "los nervios". La sangre no ha llegado al río. He visto a la oposición aplaudir a su líder cuando le cantaba a Zapatero esas “verdades del barquero" que en la calle están de sobra juzgadas. He visto a Rajoy desear a Zapatero lo mejor para su vida personal y familiar y a Zapatero agradecérselo con matices. Todo normal.

En fin. Leo crónicas que hablan de "encendida sesión", "rifirrafes", "risas del auditorio", "aspavientos", "guerra de aplausos", "diputados puestos en pie" y "ovaciones". Bendita democracia. Deberíamos cuidarla un poco más entre todos y no dar causa a los dogmáticos defensores del pensamiento único o a falsos indignados antisistema y violentos. ¡Pobres señorías! La que tienen encima es grande. Por méritos propios (o de algunos) y también ajenos méritos, que duda cabe.


Política sin prestigio

en el desprestigio de la política, ya desde hace años, rondan causas profundas

En este país, España, ya no es un mérito el haber dedicado tiempo a representar a los ciudadanos en el Parlamento, las Asambleas Regionales o los Ayuntamientos. Cree el común que quien se dedica a la política o bien no tiene capacidad para desempeñarse en otras cosas o lo hace con la aviesa intención de sacar algo de ello.

Es realmente preocupante que los españoles, hoy, señalen como uno de sus principales problemas a la política y los políticos junto al paro y la situación económica. Se me antoja que lo anterior tiene mucho que ver entre si y parece razonable que los ciudadanos acosados por la crisis culpen a los políticos de la situación. Sin embargo en el desprestigio de la política, ya desde hace años, rondan causas profundas.

Es verdad, como ha dicho el expresidente Aznar, que el "rumbo de España es claramente confuso y equivocado", que vivimos años de retroceso, y que tenemos que recuperar la unidad y la concordia para "ser influyentes en el mundo". También cree, ha declarado a la revista Telva, que la política provoca rechazo en los ciudadanos y que el nivel de los políticos en España ha bajado. Estoy de acuerdo.

Estar en política, desde siempre, ha sido en España una actividad de alto riesgo. Atrás quedaron los ilusionantes años de la Transición donde el objetivo de ganar la democracia, el desarrollo y recuperar nuestro sitio en el mundo movilizaron a no pocos españoles en todos los partidos. Algunos han sobrevivido, otros han venido después, muchos están en sus cuarteles de invierno. Casi todos han sido vapuleados de una u otra forma.

Los resultados en economía y política dependen mucho de hacer bien o mal las cosas. Cómo casi todo en la vida. Esos resultados tienen que ver mucho con la confianza y la confianza no es un valor intangible o subjetivo siempre. Se gana confianza cuande se hacen bien las cosas pero se puede perder no solo por hacerlas mal. Aquí también influye la credibilidad. La credibilidad se puede perder a fuerza del propio error, es claro, pero también gracias a otros factores como la calumnia y la difamación en escalas grandes pero también pequeñas. Es, ya se sabe, lo de la envidia el pecado y deporte nacional.

Escuché decir que el día en que, en España, se convoquen elecciones generales nuestra prima de riesgo bajará de golpe 50 puntos y la economía empezará a arreglarse. Recuperar la confianza va a ser larga tarea pues el estropicio es grande. La confianza en la política también puede empezar a recuperarse con otros políticos en el poder que hagan mejor las cosas. Sin embargo creo que el tema, por eso de la credibilidad, es peliagudo y nada fácil. Algo habrá que hacer.



Lágrimas de Esperanza

Su pasión por la libertad, su denuncia permanente del dogmatismo y la mentira están calando profundamente en la sociedad española

No es la primera vez que vemos a Esperanza Aguirre emocionada en público. En Enero del año 1999 se enjugaba con un pañuelo las lágrimas cuando en el Ministerio de Educación y Cultura se producía el solemne acto de traspaso de poderes. Entonces un magnífico columnista de un importante y centenario periódico de provincias recogía el suceso y escribía un comentario que titulaba “Lágrimas elocuentes”. Yo voy a repetir aquí algunas de sus palabras pues no encuentro que las mías puedan expresar mejor lo que siento hoy al ver llorar de nuevo a Esperanza Aguirre, al recordar a su familia y cuando tomaba posesión de su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid.
 
“…no hace falta ser muy inteligente para haber advertido en ella (Esperanza Aguirre) una mujer dialogante, sencilla, lista y sensible, vamos, una buena persona, lo que ya es mucho tratándose del mundo de la política, donde, en general, abundan tantos lobos y depredadores amén de buitres carroñeros sin olvidar a tanto “lorito” de bla, bla, bla y nada más o a las especies trepadoras, algunas tan simpáticas como las ardillas, pero, al fin de cuentas, trepadoras. Por algún lado he leído yo que en esta vida para subir hay que tener poco peso…”
 
Seguía el cronista: “nuestros nietos tendrán que agradecer a la ex ministra, aunque no se concretamente en que terminó, su lucha por las Humanidades… las lágrimas de la ex ministra nos hablan de sinceridad en la política…nos hablan de una persona que se ha calado con el agua de su ministerio hasta los huesos…nos hablan del calor humano que ha sentido al dejar a sus colaboradores, que no peldaños…” Y terminaba: “Excelentísima señora: ¡gracias!, y digo excelentísima no por tratamiento, sino porque creo en sus “excelentes” cualidades.”
 
Termino yo. Esperanza Aguirre dignifica cada día y desde hace muchos años el prestigio de la democracia, de la política y de los políticos. Su pasión por la libertad, su denuncia permanente del dogmatismo y la mentira están calando profundamente en la sociedad española y sus “lagrimas” hoy, cuando la democracia está acosada por la incompetencia totalitaria, son lágrimas ciertamente de “esperanza”.


Competencia, austeridad y confianza

La política como problema lleva muchos años figurando en la larga tabla de las preocupaciones ciudadanas pero nunca estuvo tan arriba en el índice de problemas

En la puerta del Sol de Madrid se juntaron muchas personas indignadas por lo que está pasando. También en otras ciudades de España. Luego hubo elecciones y los ciudadanos que quisieron, sobre la oferta que tenían, decidieron quienes van a ejercer -durante un tiempo limitado- el gobierno de los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas. Fueron millones los electores y miles los elegidos. En esta ocasión, de manera más evidente que en otras, sobre las elecciones ha sobrevolado un profundo sentimiento de desconfianza de los ciudadanos frente al poder político, lo que no ha evitado una votación ejemplar, responsable y mayoritaria. Fue la respuesta rápida y contundente a aquellos que, aprovechando la justa indignación, nos quieren colar de matute viejas fórmulas políticas.
 
El Centro de Investigaciones Sociológicas que ahora dirige un catedrático y profesional sin reparo alguno, Ramón Ramos, certifica, cada mes y desde hace muchos, que las principales preocupaciones de los españoles son la economía, el paro y la política. La política como problema lleva muchos años figurando en la larga tabla de las preocupaciones ciudadanas pero nunca estuvo tan arriba en el índice de problemas.

Dicen los expertos en economía que tenemos un profundo problema de “confianza” y que es urgente tomar medidas para recuperarla. Dicen los expertos en ciencia política y sociología lo mismo para el problema de la desconfianza ciudadana sobre la clase política.
 
Como hablamos de confianza, las medidas económicas deberían estar dictadas desde la competencia (que es conocimiento) y sobre todo la austeridad. De manera más clara: hay que reducir el gasto público de forma drástica, urgente y competente. No queda otra, que dirían en Argentina. Pero hay que hacerlo desde la competencia y la prudencia que es virtud del buen gobierno que ayuda a definir prioridades con inteligencia y justicia.
 
Apliquemos también, entonces, la austeridad y la competencia a las medidas políticas que es preciso implementar y empecemos por reconocer que los partidos políticos han invadido de manera abusiva ámbitos de la sociedad que no les corresponde y ocupado todo.

Reconozcamos también que nuestros gobiernos, administraciones, partidos y sindicatos controlan y regulan la práctica totalidad de la vida ciudadana. Estamos casi sin aire. Hay que abrir las ventanas.
 
Búsquese de nuevo el acuerdo, el pacto y el consenso político y háganse las reformas que se necesiten pero reduzcamos el poder de los gobiernos a sus justos términos y recordemos que la democracia se inventó para limitar y controlar el poder del Estado necesario y el Gobierno necesario.
 
Recortemos gastos. Si, pero busquemos la manera de impedir para siempre su capacidad ilimitada de gastar que también hay recortar el poder del gobierno para recuperar la confianza en la política.


La crisis de Zapatero y el poder del PSOE

La solución al lío: cualquier fórmula que permita que Zapatero, sus ministros y los que ahora mandan en el partido no pierdan (de momento) el poder

Turbulencias en España en el partido del gobierno. Vienen de lejos. Las elecciones pasadas han actuado como detonante de las diferencias que ya existían y estas diferencias no lo eran porque en el seno de los socialistas españoles se discutieran como acertadas o no las medidas del actual gobierno frente a la crisis. Todos cerraron filas disciplinadamente. La crisis que ahora padece el PSOE comienza cuando se hace pública la opinión de que Zapatero estaba en la obligación de anunciar su decisión de presentarse o no a la reelección como presidente del gobierno.
 
La falta de claridad de la política y los políticos sobre sus verdaderas intenciones es, sin duda, una de las causas del divorcio entre la clase política y la sociedad. A ello contribuyen también no pocos “analistas” que en vez de expresar juicios independientes sostenidos en informaciones contrastadas se dedican a divulgar y defender intereses a instancias de parte. Yo no tengo ni idea de lo que está pasando en el PSOE; se lo que me cuentan o mejor dicho lo que leo y oigo y tampoco se si eso, incluso, es verdad. Por lo tanto lo que a continuación diré no tiene demasiado fundamento y se basa en intuiciones personales derivadas del conocimiento aproximado de eso que llaman las “cuestiones” internas de la política.
 
Salvando las buenas intenciones, que no discuto y tampoco niego, o eventuales arrebatos de altura de miras entre los protagonistas del asunto, es preciso conocer como funcionan los partidos hacia dentro para intuir por qué se toman determinadas decisiones. Alcanzar el poder dentro del partido (a todos los niveles) supone siempre estar en situación de poder estar en las listas electorales. Estar en las listas supone poder estar, si se gana, en las instituciones y poder gobernar. Y si no se gana, la oposición facilita estar en situación de poder estar en el poder con el tiempo. Habrán notado que en estas últimas frases se repite por seis veces la palabra “poder” sin que se me ocurra el mejor modo de sustituirla. Es la clave.
 
Así he visto yo los acontecimientos: Zapatero quería continuar una tercera legislatura y estaba convencido de que podía conseguirlo. En el PSOE no querían, no pocos en el partido y algunos en el gobierno. Zapatero se ve obligado a comunicar su renuncia frente la amenaza de crisis interna en el partido y en el gobierno. Zapatero acepta a cambio de convocar unas primarias siempre “inconvenientes” (me lo dijo a mi siendo diputado emergente de terceras vías ante la desastrosa bicefalia Borrell-Almunia). Quienes le plantearon el pulso tampoco quieren primarias o quieren unas primarias controladas. El equipo de Zapatero que copa el poder en el partido, también algunos ministros, no quiere Congreso ahora. A Zapatero le amenazan con un Congreso extraordinario que puede ser convocado de diferentes formas, incluso contra su voluntad. La amenaza incluía la precipitada dimisión de algunos ministros y el fin de la legislatura. Chacón debe retirar su candidatura decidida y no anunciada y Zapatero se lo pide.
 
La solución al lío: cualquier fórmula que permita que Zapatero, sus ministros y los que ahora mandan en el partido no pierdan (de momento) el poder. Por ejemplo: Habrá primarias más o menos controladas y luego congreso cuando las aguas bajen serenas. El ganador de las primarias será luego el Secretario General en favor de la “unidad” y el impulso electoral.
 
Lo ha dicho Chacón. Hay que salvar a Zapatero, al gobierno y al partido. ¿Por qué nadie ha dimitido en el PSOE después de la catástrofe electoral? Hablar de España y de los problemas de los españoles parece puro artificio. He escrito que España necesita ahora al PSOE y es que la preocupación de lo que pueda pasar en el País Vasco y Navarra me embarga el ánimo. Debería haber escrito: España necesita “otro” PSOE.
 


España necesita ahora al PSOE

El partido socialista español tiene personas (y dirigentes) muy sensatas, honradas y honestas y con un altísimo sentido del estado. España necesita su contribución urgente

Es ahora cuando comienza en España la auténtica reflexión electoral después de la histórica victoria de Mariano Rajoy y el Partido Popular y la estrepitosa derrota del partido socialista y de José Luis Rodríguez Zapatero.
 
La reflexión en el centro derecha español es muy sencilla. Han asumido por decisión libre y legítima de los ciudadanos la responsabilidad de sacar al país de la crisis en el ámbito de la gran mayoría de las Comunidades Autónomas y municipios de España, incluida la práctica totalidad de las grandes ciudades. Esto, en mi opinión, ha sido por dos razones. Donde ya gobernaba el Partido Popular la crisis era menor y por eso han renovado y aumentado la confianza. Donde no gobernaban, los ciudadanos les han elegido confiando en el cambio y también porque consideran que sus propuestas son mejores. Lo dicho parece una obviedad pero es la realidad. Los españoles no solo han castigado al PSOE o a Zapatero, creen que las políticas y propuestas del PP son más acertadas para sacar al país de la tremebunda crisis que padece. 
 
Si la reflexión en el centro izquierda español, en el partido socialista de Zapatero, no parte de un diagnóstico pegado a la realidad de las cosas y esa realidad consiste fundamentalmente en admitir el rechazo mayoritario de los ciudadanos a sus propuestas políticas y a su gestión equivocada de los intereses generales, van a errar profundamente y lo peor, van a poner al país en una situación aún más difícil de la que ahora tenemos.
 
En España no vivimos únicamente una crisis económica tremenda. Estamos también en una crisis política e institucional que de no atajarse puede tener consecuencias irremediables. En esta crisis institucional y política, tiene principal responsabilidad el partido de Zapatero y sus actuales dirigentes (no solo él) por las decisiones tomadas después de su victoria electoral el 14 de Marzo de 2004. Entonces se decidió aplastar y eliminar de la vida política al PP. No hace falta glosar de nuevo todo lo sucedido. El último escenario lo hemos tenido con el “permiso” a Bildu para estar en las instituciones. Este escenario no tenía otro propósito que hacer prescindible al PP para buscar “mayorías” que contribuyan al nunca interrumpido proceso de negociación con ETA. Los escenarios siguientes los conoceremos cuando el PSOE decida que va a hacer con sus votos en el País Vasco y a quien va a apoyar en Vitoria, San Sebastián, Pamplona...
 
Si el partido socialista español sigue pensando que sus decisiones políticas de los últimos años nada tienen que ver con la crisis institucional y también con la crisis económica que vivimos, en España lo vamos a pasar mal. La democracia española necesita un centro izquierda estable de carácter nacional fundamentalmente en el País Vasco, Navarra y Cataluña. Hoy la responsabilidad máxima es de los socialistas españoles y no del PP de Mariano Rajoy que siempre ha ejercido esa responsabilidad con acierto y decisión y por eso tiene la abrumadora confianza de España entera.
 
El partido socialista español tiene personas (y dirigentes) muy sensatas, honradas y honestas y con un altísimo sentido del estado. España necesita su contribución urgente. Como se peguen a sus cuitas internas y las pequeñas cosas  de la política, con minúsculas, estamos apañados todos. España necesita un compromiso global de la política y la clase política. España necesita que gobiernen las listas más votadas aunque no tengan la mayoría suficiente. España necesita una profunda renovación en su centro izquierda democrático. España necesita Elecciones Generales.


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Francesca
02/11/2011
AMERICA LATINA ES LIBRE.
El comentario de marras, no es mas que el lamento de un lobo que ha perdido su presa. Basta ya de interferir en América, España no representa mas que el dolor de ser un continente confundido, su ayuda consistió en volver sobre sus pasos para explotar este continente inacabablemente rico, Telefónica lanzó sus redes y se considera monopólico, las mineras tienen accionistas mayoritarios españoles que evaden impuestos, el parque nacional del manu, tiene guardianes que dicen ser sacerdotes, sin embargo permiten el ingreso de españoles al parque, lo que está prohibido, para que éstos puedan extraer el aceite de copaiba y miles de plantas milagrosas. Anda ya, España no tiene pprque participar en ninguna cumbre latinoamericana, el cordón umbilical de la esclavitud ya superó la mayoria de edad. No intervengan en nuestra política interna, nosotros somos discretos nos limitamos a leer lo que su prensa informa,. no lleven a su Rey a nuestras reuniones, a modo de que? de hacernos creer que somos sus subditos. Despierta España, estas ocupando un espacio en el continente Europeo, ya no tienes carabelas, ni arrojados Vascos dispuestos a la aventura y al saqueo. AL FIN AMERICA LATINA ES LIBRE.
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