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ALBERTO BENEGAS LYNCH (H)

Día internacional de la mujer: marchas controvertidas
La discriminación se torna en un problema inaceptable cuando desde el aparato estatal se otorgan distintos derechos a distintas personas.
Actualizado 17 marzo 2017  
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Alberto Benegas Lynch (h)   

El 8 de marzo próximo pasado, el día del cumpleaños de mi nieta mayor (22 años), algunas mujeres decidieron marchar en muy diversos lares. Subrayo lo de algunas porque hubieron muchas otras en distintos países que no solo no coincidieron con buena parte de los objetivos de la mencionada marcha sino que se oponían con vehemencia a algunas de sus propuestas (incluyendo mi nieta).

De más está decir que cualquiera que no lesione derechos de terceros puede peticionar para lo que estime pertinente, pero es de interés desentrañar los motivos que, en general se demandan, puesto que se exhibieron  distintas líneas internas en distintos frentes.

Un punto muy encomiable es, desde luego, la denuncia de maltratos y abusos de muy diverso tenor que constituyen una afrenta brutal a las normas más elementales de la decencia, lo cual es aceptado por la inmensa mayoría de las personas, cualquiera sea su sexo.

Por otro lado, nada más repugnante e idiota que el machismo y nada más expresivo de la falta de hombría, en el fondo se trata de seres acomplejados que no aceptan que las mujeres les hagan sombra en reuniones sociales, en faenas académicas y en otros ámbitos laborales, sin perjuicio de su importantísimo rol en la formación de almas en el hogar.

Hubo en algunas marchas incidentes varios, por ejemplo, lamentablemente la marcha en Buenos Aires finalizó con consignas partidarias, violencia contra la Catedral e incluso contra periodistas una de las cuales, paradójicamente mujer: las que la llevaban a cabo tenían en su mayor parte la cara cubierta, es decir, además de violencia contra la mujer en el día de la marcha de la mujer sino también cobardes y algunas golpeadoras a jóvenes del sexo masculino que pretendían defender la Catedral, tal como registraron las cámaras de televisión. Esto prueba una vez más que hay mujeres y mujeres (de igual manera que hay hombres y hombres) o más precisamente personas y personas.

En las marchas se observó la filtración de otros asuntos, buena parte de los cuales no resultan accidentales sino deliberadamente colocados en primer plano de la agenda, temas que precisamente provocan el rechazo de otras mujeres indignadas por el alarde de esas cuestiones.

En diverso grado estos temas fueron el aborto, la pretendida imposición de remuneraciones que en todos los casos sean equivalentes a las percibidas por los hombres, así como también igual acceso a distintos cargos públicos y privados y en esta mescolanza también se mencionó como una injusticia la existencia de clubs en los que se aceptan solo hombres como socios. Irrumpieron aquí y allá otras propuestas pero no solo de menor calibre sino apoyadas por grupos muy minoritarios que no pueden tomarse como representativos pero que lo hacen en nombre de “la matria”, no “la patria” (al margen digo que se ha sugerido en otro contexto que en lugar de aludir a la asignatura “history” la materia se denomine “herstory”).

Vamos por partes (como decía en otro plano bien distinto el descuartizador, aunque no distinto en el primer tema que ahora abordamos). En primer lugar, el mal llamado aborto puesto que se trata de homicidio en el seno materno. El tema más grave y preocupante de los emblemas de la marcha de marras.

Ya he escrito sobre este descuartizamiento horripilante pero es indispensable insistir una y mil veces al efecto de proteger las vidas de seres inocentes e indefensos. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet– se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar las matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Ahora viene lo que imponer en todos los casos igual remuneración para las mujeres respecto a la de los hombres para igual tarea (no igual resultado, de lo contrario sería indiferente y, al revés, los incentivos para contratar mujeres para tareas en las que puede considerarse inconveniente que la lleven a cabo hombres). Resulta clave comprender que no es el decreto y la prepotencia estatal la que debe decidir cuanto ha de cobrar cada persona. Los ingresos en términos reales los establece las tasas de capitalización derivadas del volumen de inversiones que una vez instaladas, los gustos y preferencias de los consumidores en el supermercado y afines establecen indirectamente cuanto ha de cobrar cada persona. Si el empresario, siempre atento a las respectivas demandas de su clientela procede a discriminar mal, tiene sus días contados como empresario y será sustituido por otro considerado más eficaz (a diferencia de lo que ocurre con los pseudoempresrios aliados con el poder político para obtener privilegios inexorablemente  a expensas de la gente). Por ejemplo, si en lugar de atenerse a lo es mejor decide solo contratar blancos, lesbianas o japoneses, pagará el capricho con quebrantos. El mercado es impersonal y asexual, los comerciantes, si quieren sobrevivir, deben hacer lo mejor a criterio de los consumidores, centrando la atención en lo que es más eficiente sin prestar atención a otras consideraciones colaterales.

Al día siguiente de la marcha, en un arrebato demagógico, el gobierno de Islandia decidió legislar en el sentido de igual paga, como queda dicho, uno de los reclamos del Día Internacional de la Mujer, situación que, en su caso, de cumplirse, provocará desempleo entre las mujeres, medida que lo equipara a lo que instaló en los papeles la ex Unión Soviética, la China de Mao y Cuba (país en el que como hoy escribe Yoani Sánchez: el día de la mujer “suena como un eco lejano” que nada tiene que ver con la realidad), además del “derecho a la felicidad absoluta” (sic) como es el “decretazo”  hoy vigente en Venezuela.

Hablo de discriminación que significa distinguir y diferenciar, todos discriminamos todo el tiempo: la música que escuchamos, la comida que ingerimos, los amigos que frecuentamos, con quien contraemos nupcias, que libros leemos, a que cine vamos etc. etc. La discriminación se torna en un problema inaceptable cuando desde el aparato estatal se otorgan distintos derechos a distintas personas. En el caso que nos ocupa se trata de una cuestión contractual privada: reiteramos si un comerciante se empecina en contratar en su tienda solo personas que miden más de uno ochenta allá él, pero no es una política recomendable en el mundo de los negocios. Si los negros ganan más que los blancos o los chinos más que los estadounidenses es un asunto que atañe al mercado, es decir a millones de arreglos contractuales.

Respecto a la imposición a través de instrumentos legales de cupos femeninos a cargos políticos o para desempeños en el sector privado, por una parte, constituyen ofensas a la mujer puesto que se evidencia que no se trata de su productividad sino del abuso legislativo y, por otra, desmejoran la eficiencia lo cual finalmente traslada el daño sobre todos que terminan obteniendo ingresos menores.

En cuanto a los clubs privados que solo aceptan como socios a miembros del sexo masculino, esto es perfectamente legítimo como que lo sería para el que funda un club solo para rubias, solo para discapacitados, para los que tienen pie plano o solo para menores de cuarenta años o mayores de setenta.

Por lo visto se ha perdido toda compostura y recato y toda noción de respeto a los derechos del prójimo. Solo se alegan “derechos” para saquear al vecino pero no se concibe que cada uno pueda hacer lo que le plazca con lo que ha obtenido lícitamente, siempre y cuando no invada iguales facultades de otros.

© Libertad y Progreso

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