Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
28 MAYO 2017 | ACTUALIZADO 01:09
EUROPA   |   ÁFRICA   |   AMÉRICA   |   ORIENTE PRÓXIMO   |   ASIA / PACÍFICO
POLÍTICA   |    ECONOMÍA   |    SOCIEDAD   |    CULTURA   |    PENSAMIENTO   |    AUTORES
ALBERTO BENEGAS LYNCH (H)

Costos de cambiar y costos de no cambiar, un balance
Como ha dicho Albert Einstein: "No podemos resolver problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos".
Actualizado 7 enero 2017  
Compartir:  Comparte esta noticia en Twitter  Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   0
Alberto Benegas Lynch (h)   

Lo primero que hay que recalcar es que no hay acción humana sin costo, lo cual implica que para obtener un valor debe dejarse de lado otro considerado por el sujeto actuante como de menor valor respecto al que se apunta a incorporar. En el terreno de la economía esto se denomina “costos de oportunidad”. Si quiero jugar al tenis debo dejar de lado la lectura si es que eso es mi segunda prioridad y así sucesivamente.

Ahora bien, respecto a la transición de una política gubernamental a otra debe destacarse en primer término que nada hay original en esto puesto que la vida misma es una transición. Todos los días cuando a alguien en su trabajo se le ocurre una buena idea para mejorar la productividad de la empresa o la actividad en la que se desempeña, está de hecho provocando una transición, es decir, un cambio, desde la situación anterior a la nueva, lo cual significa reasignar recursos humanos y materiales. Como he dicho en otras oportunidades, cuando apareció el refrigerador el hombre de la barra de hielo se reubicó en otras faenas y cuando apareció la locomotora Diesel, se colocó en otras tareas el fogonero y así con todo cotidianamente en todos los planos de la actividad humana. Si se decidiera congelar las transiciones no habría tal cosa como progreso puesto que el progreso inexorablemente se traduce en cambio.

Cuando un gobierno pretende pasar de una política populista a una liberal, naturalmente debe adoptar medidas para reducir el gasto público a niveles que se compatibilicen con un sistema republicano. Asimismo, debe reducir la presión tributaria, abrogar regulaciones absurdas que restan inútilmente espacios de libertad, apuntar a la eliminación del endeudamiento gubernamental al efecto de desempeñarse con recursos presentes y no extrapolar la idea del sector privado recurriendo a la mal llamada “inversión pública”. Para todo ello se requiere la antes mencionada reasignación de recursos humanos y materiales, esto es, minimizar el uso coactivo del fruto del trabajo ajeno lo cual mejora la situación económica de los más débiles que siempre son los que más se perjudican ya que la disminución en las tasas de capitalización debido a la merma de inversiones afecta severamente salarios en términos reales.

Reducir el gasto público no puede camuflarse con la “mejora en la calidad del gasto” como proponen algunos distraídos ya que lo malo no debe mejorarse puesto que si una función gubernamental es inconveniente resulta peor si se hace más eficiente. Tomemos un ejemplo horripilante: si en la época nazi se mejoraban las cámaras de gas la situación empeoraba, es mejor que falte gas o que las cámaras letales no funcionen.

Parcialmente reitero lo que he escrito antes en esta materia. Es de interés elaborar sobre los mecanismos idóneos para pasar de una situación de estatismo a una de libertad. Lo primero que en este contexto debe tenerse en cuenta es que el discurso y la ejecución del político están embretados en una franja de máxima y mínima que deriva del grado de compresión de la opinión pública de los diversos temas. El salirse de ese plafón se paga con menor apoyo electoral. Ahora bien, para correr el eje del debate y poder ampliar el discurso y la consiguiente ejecución es menester operar en el campo de las ideas. Son éstas, para bien o para mal, las que permiten convertir lo que al momento se considera políticamente imposible en políticamente posible.

Una vez que se cuenta con un número suficiente de personas que comprenden y comparten cierta idea, recién entonces es posible considerar la forma de llevarla a cabo de modo completo, lo cual no es óbice para que se transiten los primeros pasos de lo contrario no tiene sentido estar en el gobierno. Las explicaciones son irrelevantes, lo trascendental es la marcha de la gestión.

En esta línea argumental, lo que en esta nota quisiera plantear es si esa ejecución debe llevarse a cabo gradualmente para darle oportunidad a que ajusten sus conductas aquellos que se adaptaron a la legislación anterior de buena fe o si deben ejecutarse de una vez las medidas.

Estimo que es conveniente tener siempre presente que no hay tal cosa como derechos adquiridos contra el derecho. Es decir, para ilustrarlo con un ejemplo muy extremo, no podían otorgarse “derechos adquiridos” a los fabricantes de cámaras de gas en la época de los criminales nazis. Tampoco tiene sentido encaminar una política gradualista para las clínicas de abortos y permitir la exterminación de quienes son personas en el momento mismo de la fecundación del óvulo con toda la carga genética completa (a diferencia de los que adhieren a la magia primitiva de sostener que se produce una mutación en la especie en el instante del alumbramiento). Sin llegar a estos extremos donde está comprometida la vida de seres humanos de modo directo, podemos ejemplificar con empresarios que venden arena en el Sahara o helados en el Polo Norte. Estos últimos ejemplos pueden parecer ridículos pero en verdad equivalen y calzan en todos los casos en los que se presentan operaciones ruinosas como si fueran verdaderos negocios que solo benefician a los comerciantes prebendarios que fabrican componendas en la oscuridad de los despachos oficiales pero que literalmente arruinan la vida de millones de personas. Son como inmensos vampiros que succionan la sangre de sus congéneres. Vilfredo Pareto ya explicó que “El privilegio incluso si debe costar 100 a la masa y no producir más que 50 a los privilegiados, perdiéndose el resto en falsos costes, será en general bien aceptado, puesto que la masa no comprende que está siendo despojada, mientras que los privilegiados se dan perfecta cuenta de las ventajas de las que gozan”. Es imperioso cortar de raíz el cordón umbilical de estos privilegios inauditos y antieconómicos que consumen capital y, por ende, reducen salarios y así evitar desgastantes presiones y negociaciones por parte de los múltiples grupos de interés.

Como hemos dicho, es distinto si no se comprende ni se comparte la idea. En ese caso no se puede aplicar (eventualmente ni siquiera de forma gradual).  Se trata de proceder en consecuencia una vez que la idea es aceptada y, en ese caso, sugerimos evitar por todos los medios los gradualismos que, además, ponen en riesgo los mismos pasos  y etapas que se proponen.

Pero, como queda consignado, esto no debe ser un pretexto para no hacer nada. La política de ir al fondo de los problemas de una vez fue lo que, por ejemplo, llevó a cabo Ludwig Erhard quien en contra de las opiniones de todos los comandantes militares de posguerra y los empresarios alemanes (especialmente los del sector siderúrgico) y buena parte de la opinión pública, sorpresivamente anunció la eliminación de todos los controles de precios y subsidios. El resultado fue el llamado “milagro alemán”. Como ha dicho Albert Einstein: “No podemos resolver problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”.

No pocos intelectuales, en lugar de esforzarse en correr el eje del debate en dirección a lo que saben es la meta optan por adaptarse a lo que al momento se considera políticamente posible con lo que comprometen severamente el logro de los objetivos finales. En lugar de asumir sus responsabilidades prefieren “jugar a la política” y abandonar las tareas propias de sus funciones. Son los políticos los que negociarán y ejecutarán lo que es posible según la comprensión de las ideas en el contexto de la situación imperante, pero si los intelectuales se suman a la faena de marras queda completamente abandonada la posibilidad de progreso. Generalmente los primeros en dejar de lado sus responsabilidades en la materia comentada son aquellos que se dicen liberales pero en verdad son conservadores recalcitrantes, son los que le dejan el campo abierto a socialistas que difícilmente abandonan su trabajo intelectual con lo que ofrecen un ejemplo de consistencia y perseverancia y, por tanto, son los que en definitiva producen corrimientos en los ejes del debate y, con ello, obligan a todo el arco de sus oponentes a empeorar sus propuestas, precisamente porque persisten en presentar lo políticamente posible en lugar de mostrar la indispensable honestidad y coraje intelectual.

Y esto no se circunscribe a desatar la infame maraña de regulaciones y disposiciones contraproducentes en el ámbito interno del país, sino habitualmente a la desactivación de políticas mal llamadas “proteccionistas” en el ámbito de las relaciones internacionales, medidas que protegen a los empresarios del privilegio pero que desprotegen a toda la comunidad que se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o ambas cosas a la vez. En este sentido, es de gran interés seguir el consejo del decimonónico Bastiat quien insistía en la conveniencia de prestar atención “a lo que se ve y a lo que no se ve”: en nuestro caso, se ven las empresas de los privilegiados trabajar pero lo que no se ve es el derroche que se traduce en empobrecimiento y la generalizada privación de adquirir los bienes y servicios que no existieron debido a los elefantes blancos instalados merced a la dádiva gubernamental. El propio Bastiat ilustra este tema con su característica ironía sugiriendo en su época que el gobierno obligue a tapiar todas las ventanas “para que los fabricantes de velas no se vean perjudicados por la competencia desleal del sol”.

Cabe añadir que, además de los intelectuales y los políticos, están quienes operan en “think tanks” entre los que básicamente  aparecen dos tipos: aquellos que difunden ideas (en esto se aproximan más a los trabajos de centros educativos) y los que se circunscriben a preparar políticas públicas. Y, por último, están los fantoches -que en buena medida engrosan las filas de los políticos- que lo único que les interesa es el protagonismo, la figuración y embolsarse alguna jugosa canonjía: persiguen la foto a cualquier costo y, consecuentemente, se venden al mejor postor y se acomodan a cualquier viento no importa para donde sople. Al decir de Borges “ya se había adiestrado en el hábito de simular que era alguien, para que no se descubriera su condición de nadie”. Son los cortesanos, genuflexos y rastreros de todas las épocas, tal como refiere Erasmo: “¿Qué os puedo decir que ya no sepaís de los cortesanos? Los más sumisos, serviles, estúpidos y abyectos de los hombres y sin embargo quieren aparecer siempre en el candelero”.

En todo caso, lo que en esta columna intento demostrar muy telegráficamente es que debe intentarse adoptar las ideas de respeto recíproco cuanto antes de forma que no quede amputada a través de etapas y recortes de diversa naturaleza que abren las puertas a presiones de los grupos de intereses prebendarios siempre al acecho para reconquistar sus privilegios para explotar a sus congéneres. Es caer en una trampa fatal el suponer que se protege a los más necesitados cuando se mantiene la red infame de derroche y subsidios puesto que, como decimos, esto reduce indefectiblemente sus ingresos.

El punto crucial consiste en hacer un balance de costos: si la situación vigente significa costos altísimos -un sistema responsable de la pobreza extrema- es menester salir del atolladero cuando antes pagando menores costos.

 Otros artículos que te pueden interesar
El poder duro y el poder blando
Delito económico, la trampa en el camino
Evo Morales preocupa al sector privado boliviano
Ola progresista y corrupta en América Latina
Victoria envenenada de Pedro Sánchez
AHORA EN PORTADA | Ver  
El poder duro y el poder blando
Facebook crea más tráfico referencial que Google
Exigen a España el cese de la venta de armas a Arabia Saudí e Irak
Manuel Quirós expone en la Fundación Iberoamérica Europa
¿La ciudad del futuro?
ARCHIVO
MAYO 2017

¿La ciudad del futuro?

Maduro, el fascista empedernido

Estados Unidos ha tomado un rumbo preocupante

Un académico best-seller
ABRIL 2017

El problema es la soberbia

Patentes y descubrimientos: una nota

El valor de las Instituciones: Giovanni Sartori

Argentina: Salir del populismo con buenos modales

Todo empezó con Platón

Ver posts de otros meses

MARZO 2017 (4 artículos)

FEBRERO 2017 (4 artículos)

ENERO 2017 (4 artículos)

DICIEMBRE 2016 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2016 (6 artículos)

OCTUBRE 2016 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (5 artículos)

AGOSTO 2016 (5 artículos)

JULIO 2016 (5 artículos)

JUNIO 2016 (6 artículos)

MAYO 2016 (4 artículos)

ABRIL 2016 (4 artículos)

MARZO 2016 (6 artículos)

FEBRERO 2016 (5 artículos)

ENERO 2016 (5 artículos)

DICIEMBRE 2015 (6 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (5 artículos)

OCTUBRE 2015 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2015 (4 artículos)

AGOSTO 2015 (4 artículos)

JULIO 2015 (4 artículos)

JUNIO 2015 (5 artículos)

MAYO 2015 (5 artículos)

ABRIL 2015 (4 artículos)

MARZO 2015 (5 artículos)

FEBRERO 2015 (4 artículos)

ENERO 2015 (6 artículos)

DICIEMBRE 2014 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2014 (4 artículos)

OCTUBRE 2014 (7 artículos)

SEPTIEMBRE 2014 (6 artículos)

AGOSTO 2014 (5 artículos)

JULIO 2014 (6 artículos)

JUNIO 2014 (5 artículos)

MAYO 2014 (6 artículos)

ABRIL 2014 (5 artículos)

MARZO 2014 (8 artículos)

FEBRERO 2014 (7 artículos)

ENERO 2014 (4 artículos)

DICIEMBRE 2013 (5 artículos)

NOVIEMBRE 2013 (5 artículos)

OCTUBRE 2013 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2013 (4 artículos)

AGOSTO 2013 (5 artículos)

JULIO 2013 (3 artículos)

JUNIO 2013 (4 artículos)

MAYO 2013 (6 artículos)

ABRIL 2013 (4 artículos)

MARZO 2013 (4 artículos)

FEBRERO 2013 (4 artículos)

ENERO 2013 (5 artículos)

DICIEMBRE 2012 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2012 (5 artículos)

OCTUBRE 2012 (4 artículos)

SEPTIEMBRE 2012 (5 artículos)

AGOSTO 2012 (4 artículos)

JULIO 2012 (6 artículos)

JUNIO 2012 (5 artículos)

MAYO 2012 (4 artículos)

ABRIL 2012 (3 artículos)

MARZO 2012 (4 artículos)

FEBRERO 2012 (2 artículos)

ENERO 2012 (4 artículos)

DICIEMBRE 2011 (3 artículos)

NOVIEMBRE 2011 (2 artículos)

OCTUBRE 2011 (3 artículos)

SEPTIEMBRE 2011 (1 artículos)

JUNIO 2011 (1 artículos)

MAYO 2011 (1 artículos)

ABRIL 2011 (1 artículos)

MARZO 2011 (3 artículos)

FEBRERO 2011 (3 artículos)

ENERO 2011 (2 artículos)

DICIEMBRE 2010 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2010 (4 artículos)

OCTUBRE 2010 (4 artículos)

SEPTIEMBRE 2010 (2 artículos)

AGOSTO 2010 (4 artículos)

JULIO 2010 (4 artículos)

JUNIO 2010 (3 artículos)

MAYO 2010 (5 artículos)

ABRIL 2010 (4 artículos)

MARZO 2010 (4 artículos)

FEBRERO 2010 (4 artículos)

ENERO 2010 (3 artículos)

DICIEMBRE 2009 (4 artículos)

NOVIEMBRE 2009 (3 artículos)

OCTUBRE 2009 (2 artículos)

SEPTIEMBRE 2009 (3 artículos)

AGOSTO 2009 (2 artículos)

JULIO 2009 (3 artículos)

JUNIO 2009 (2 artículos)

MAYO 2009 (3 artículos)

ABRIL 2009 (2 artículos)

MARZO 2009 (2 artículos)

FEBRERO 2009 (3 artículos)

ENERO 2009 (4 artículos)

DICIEMBRE 2008 (3 artículos)

NOVIEMBRE 2008 (4 artículos)

OCTUBRE 2008 (5 artículos)

SEPTIEMBRE 2008 (6 artículos)

AGOSTO 2008 (3 artículos)

JULIO 2008 (4 artículos)

JUNIO 2008 (6 artículos)

MAYO 2008 (3 artículos)

ABRIL 2008 (4 artículos)

 ARGENTINA
Argentina: El costo social por miedo al costo social
Argentina: Pizzería versus LEBACs
Problemas a enfrentar en Argentina: cambiario y de gasto público
¿Sirve subir la tasa de interés para frenar la inflación en Argentina?
LA PORTADA DE NUESTROS LECTORES | Ver
El poder duro y el poder blando
Trump y Putin o las amistades peligrosas
¿Es posible la destitución de Donald Trump?
Bombas de relojería en Internet
El caso Trump: el ruido y las nueces

© El Diario Exterior - Calle del General Arrando 14, Bajo Derecha, 28010, Madrid - Tel.:(34) 91 532 28 28
Aviso legal  /   Quiénes somos  /   Contactar  /    RSS